martes, diciembre 09, 2008

Leonor de Aquitania


Musa de trovadores, mujer bella y rebelde, esposa y madre de reyes, soberana por derecho propio. Capaz de acompañar a su marido, el rey de Francia, a las cruzadas, para volver divorciada, tras un bullado escándalo infestado de rumores. Poco después se casaría con Enrique II de Inglaterra. Al pasar los años, y sin perder su belleza, a pesar del paso del tiempo y sus muchos embarazos, había sido desplazada en el corazón de su marido por una joven francesa. De la pasión inicial que les unió, poco quedaba. El carácter irascible del rey inglés debió chocar constantemente con el de la voluntariosa duquesa de Aquitania.
Tal vez motivada por el despecho y para asegurar los derechos de sus hijos al trono inglés, los que peligraban si la joven amante triunfaba en sus propósitos de darle a Enrique un nuevo heredero en desmedro de Ricardo, Godofredo y Juan, apoyó la rebelión de éstos contra el padre. Un golpe fallido, que culminó con el encarcelamiento de los príncipes y de la misma Leonor.
Leonor de Aquitania, “la reina rebelde” en palabras de Jean Flori, hija y heredera del duque Guillermo X de Aquitania, reinó en su feudo con plenos poderes, a pesar de los intereses de sus dos poderosos maridos, Luis VII de Francia y Enrique II de Inglaterra, por controlar sus dominios. La Aquitania, extensa zona que incluía territorios desde el sur del Loira hasta los Pirineos, era una próspera y bella región al sur de Francia, famosa en el siglo XII por su florecimiento cultural, que la convirtieron en la cuna de los trovadores. Independiente políticamente del reino de los Capeto, que ambicionaban poseerla, su idiosincrasia era también muy distinta.
Se ha hablado mucho de la liberalidad de la corte del abuelo de Leonor, hombre famoso por sus conquistas y su mecenazgo a los poetas. En Aquitania incluso el idioma era diferente. Se hablaba la lengua de Oc o dialecto occitano, también conocida como provenzal; a diferencia de la lengua de Ouil, hablada en el norte y madre del francés actual. El matrimonio de Leonor con Enrique, a pesar de sus desencuentros, se convertirá en el mayor dolor de cabeza para los reyes de Francia. Ya que obstaculizará la anhelada unificación de Francia que deseaban los Capeto. Enrique II, perteneciente a la dinastía Anjou-Plantagenet, poseía amplios territorios al norte de Francia, en la Normandía y Bretaña. Sus éxitos militares le permitieron ampliarlos. Su boda con Leonor le dará acceso a controlar el sur de Francia y prácticamente todo el Languedoc. Su heredero Ricardo conseguirá mantenerlos, en parte gracias al apoyo de Leonor al otro lado del Canal de la Mancha. Sin embargo, el hijo menor de la Reina Rebelde, Juan “Sin Tierra” no heredó las habilidades de sus progenitores y su hermano, y no pudo contra la gestión de Felipe Augusto de Francia, perdiendo la Normandía y Bretaña, pero conservando la Aquitania.
Personaje controvertido en su época, amada u odiada, mitificada por los trovadores y calumniada por algunos cronistas, Leonor fue una mujer excepcional para su época. Luchadora, obstinada, bella y seductora, capaz de gobernar por sí sola un extenso feudo y mantenerlo lejos de la influencia de sus poderosos maridos, fue incomprendida y admirada al mismo tiempo.

1 comentario:

Rocio dijo...

Buenísima tu nueva sección, gracias!