martes, marzo 18, 2014

You think this song is about you...

Aunque poca gente comenta, sé que todavía muchos leen el blog...lo sé porque tengo un conteo de visitas (el que no pesco mucho, la verdad), y por cosas que me comentan. Y está bien. Para eso estamos...Lo que me da risa es que hay gente que se muera de ganas de ser mencionada en el blog, y que trate de identificarse con las personas de las situaciones que presento acá. O, también pasa, es que tratan de adivinar a quién estoy pelando...Fail! 
Muchas de las cosas que cuento acá son...¿cómo les digo? "Noveladas". Obvio que hay una base real, y la gran parte de ellas me han pasado a mí. Pero, ojo, que algunas les han pasado a cercanos...o son situaciones que veo, oigo, etc. El objetivo de este blog es reflexionar sobre la vida, no hacer de mi vida un reality, así que no traten de buscar si los nombro o no. La Kuky del blog soy yo, eso es lógico, pero en un 80%. El resto, corresponde a un personaje. En la vida real no soy tan así. De hecho, soy peor. Este blog pasa por un filtro gigante, donde mis vivencias se mezclan con otras. Precisamente, porque es un blog y no un reality. Esa es otra de las razones por las cuales nunca doy nombres. Y cuando narro una historia,  en los casos que tiene un trasfondo real, los nombres están cambiados. 
Normalmente, cuando despotrico contra alguien, no es hacia una persona específica. Es hacia un concepto de persona...es contra personas con una actitud que me parece insoportable. De hecho, trato de no juzgar a las personas, sino los hechos que me parecen despreciables. Así que, si me conoces y esperas que te dedique una  entrada, espera sentado. Creo que lo he hecho un par de veces, para hacer homenajes. Y cuando he pelado con nombre y apellido, ha sido para comentar actitudes reprochables de gente "famosa". 
Es curioso cuando me bombardean de preguntas tras escribir uno de mis famosos "dardos contra el muro". Se mueren de ganas de saber contra quién son los dardos. Jamás lo diría aquí. Sólo diré que lanzar dardos es terapéutico...en algunos casos muuuy puntuales, los dardos han apuntado directo a una persona. Pero, normalmente, lo que hago es juntar un patrón de conducta en un personaje ficticio y descargarme contra él. Y es un agrado. Hace tiempo que no lo hago...estoy más pacífica, parece, jejejejeje. 
Bueno, eso quería contar. Creo que es obvio que no replico mi vida exacta acá, pero por si acaso, quise aclararlo. Un abrazo a todos los que pasan por acá de vez en cuando. 

viernes, diciembre 27, 2013

Baby boom

Treinta y tres años...si hace cinco años, todo parecía teñirse de blanco, con velos y flores, hoy parece teñirse de celeste y rosado, con peluches y mamaderas. Y no me inmuto. A veces, me gustaría que uno de esos pequeños vestidos de celeste o rosado fuera mío, o que fuese mi guata la que estuviera creciendo. Pero sólo a veces. Otras, me da sueño el sólo pensar en pasar la noche en vela, entre llantos y cólicos. O me da pereza cada vez que en un supermercado escucho gritos de niño con maña  o  pataleta. Aunque me derrita una carita o una palabra de uno de esos mismo enanos. Es raro. Por eso, no hago caso a quienes joden con el reloj biológico y otras tonteras. Este mundo está tan plagado de convencionalismos, que a veces me da náuseas. Tal vez soy una maldita egoísta. Estoy tan bien así, viviendo en pareja, mimada hasta lo indecible, que me cuesta compartir mi tiempo con alguien más. O tal vez, no me gustan los niños, para más que un ratito. Este lobo este parió y solitario no tiene ganas de crear su propia manada. A veces si...
Estoy aburrida de que me pregunten del tema y que me comparen con mi alrededor. No soy ciega! Se que la gente de mi edad tiene hijos. Pero a mi el tema no me urge, y los niños los pariría y criaría yo....que se meten ellos? Y si nunca quisiera tenerlos...problema mío! Sería yo la que estaría sola como un dedo en mi vejez. No ellos. Y eso si es que llego a vieja...han tratado incluso de hacerme ver que él tener un hijo daría una gran alegría a mi papa, a mi mama, a mis abuelos...pero sorry! Esta es MI vida y sí tengo un hijo! lo haré pensando en mi pareja y en mi! no en la alegría de los demás. La felicidad no es una acumulación de cosas buenas, es una actitud ante la vida. Y si, suena egoísta, pero uno no puede basar su felicidad en la de los demás. 
El hecho de que todos tengan hijos a mi alrededor no me obliga a imitarlos...jamás me he dejado llevar por lo que el resto hace. Siempre he remado para mi lado, sin preocuparme sí voy en contra de la corriente. A veces voy contracorriente y he sido la única en la dirección correcta. Otras veces, me he perdido. Pero así es la vida, no? Tendré un hijo cuando quiera tenerlo. Y luego le daré un hermano cuando crea que es el mejor momento. Me da lo mismo lo que digan. Y no soy tonta, se que hay un reloj biológico, pero todavía hay tiempo. Y si no puedo tenerlos, los adoptare. Así de simple. Si no puedo dar vida, al menos puedo darle un hogar a un niño que no lo tiene. Para mi, es lo mismo. 
Estoy muy feliz por mis parientes y amigos que tienen sus niños preciosos. Pero no los envidio. Y tampoco los compadezco. Creo que tienen lo que quieren y son felices. Claro que pienso que tener un hijo es maravilloso! Pero no creo que hay que tenerlos por obligación. Ni porque todos tienen. Así que, después de esto, espero que no pregunten más por el tema, y el día que anuncié alguna novedad, se sorprendan y se pongan felices por nosotros. 

viernes, diciembre 20, 2013

No soy monedita de oro

Me han pasado dos cosas raras esta semana: en primer lugar, supe que un grupo de alumnos quisieron pedir que yo no les hiciera clases, ya que preferían a la otra profesora. No me extraña, ya que ella es bacán, excelente profe. Pero, nunca había sabido que yo no era del agrado de algunos de ellos. En general, hago buenas relaciones con mis alumnos. Es bueno saber que no con todos es así, es algo para mejorar. Lo curioso es que no todos estaban de acuerdo. Lo que tampoco en extraño, ya que uno se da cuenta quienes enganchan más con uno y quienes no. Lo que da lata, es que como alumnos, no sean capaces de ir de frente y decirte las cosas que les molestan. Como me ha pasado con varios otros cursos. Esta claro que cada profesor tiene su metodología y que cada alumno, al ser distinto, engancha más con uno u otro. Pero no entiendo por que no comentarlo de frente. Como han hecho otros alumnos, si no pasa nada y uno no se enoja. Además, uno entiende que no es monedita de oro para caerle bien a todos. 
Lo otro raro que me  pasa es con una persona, que me da la impresión de que actúa como sí yo no existiera. No se sí les ha pasado, pero es rara la sensación. No es sentir su rechazo, sino la más profunda indiferencia de esa persona hacia ti. Obvió qué a veces, uno en la vida las caga, y se merece eso. Pero, en este caso, no es así. No se qué pude hacer para qué actúe así conmigo. Y concluyo que le caigo mal porque sí no más. Porque tal vez tiene prejuicios hacia mi, si tampoco me conoce tanto, si no se ha dado el trabajo de conocerme. Tampoco me importa mucho, pero es curioso. Sería interesante saber si es un rollo mío o si de verdad le caigo mal. Y si es así, por que. 
Vuelvo a lo mismo: no soy monedita de oro. Y de hecho, estoy muy contenta con los amigos que tengo. No voy por la vida tratando de hacer amigos ni de crear enemigos. Voy por la vida nomás. Eso si, sin tratar de pasar a llevar ni a herir a nadie. Y si se puede ayudar, aquí estoy. De hecho, por ejemplo, hoy hablaba con alguien de que yo nunca hago amigos íntimos en las pegas, aunque trate de relacionarme en buena onda con todo el mundo. Porque no puedo permitirme sacar la vuelta, entonces no tengo tiempo para andar haciendo vida social en mi horario de trabajo, no me da. Trato de llevarme bien con todo el mundo, pero no me involucro mucho emocionalmente. Tal vez, sean mis genes navarros, que hacen que me cierre como ostra, cuando se trata de manifestar sentimientos. Tal vez, porque yo a la pega voy a trabajar y no me guste mezclar las cosas. La verdad, no se. Hasta hoy, ni me lo había planteado. Sólo busco trabajar en buena onda y armonía, y cuando uno hace amigos en la pega, se presta mucho para pelambres y cachupines que no me interesan. Mientras menos sepa, mejor. No me hace bien. 
En fin. Término así este post, sacando de mi cabeza un par de reflexiones y confesiones que daban vueltas por mi cabeza hoy. Tengo harto de que escribir, pero quise partir por estos desvaríos....

martes, noviembre 05, 2013

A los 18

Hago clases en IV medio y la semana pasada, me despedí de ellos. Una etapa de sus vidas que abandonan, con un poco de pena, pero para iniciar otra que, al menos para mí, fue mucho mejor. En todo caso, en retrospectiva, puedo decir que he sabido aprovechar cada una de las etapas de mi vida, si bien mi adolescencia fue un poquito sufrida (pero bueno, de ahí viene la palabra "adolescencia", de "adolecer", sufrir, en fin...)
No pude dejar de recordar aquél noviembre de 1998, cuando egresé del Colegio. En mi cabeza, sonaba constantemente la canción "Torn", mi himno del '98. Y mi disco de cabecera era el gran "Atchung Baby" de U2. Y sufría horrores por un amor no correspondido, que marcó, de alguna forma, mi vida, entre los 16 y los 18. A él dediqué miles de poemas, incluso comparé mi dolor por él con desiertos y heridas...metáforas y licencias poéticas. 
Hoy me preguntaba: ¿qué diría la Kuky de 18 años frente a la de 32? ¿se imaginaba que sería así? Creo que estaría orgullosa. Tal vez, planeaba una vida un poco diferente (a los 18, me juraba liberal, pero en el fondo, era bieeen cartuchona y no cachaba mucho el mundo en el que vivía, a pesar de creerme crítica y rebelde...paradojas de la vida). Seguro, me imaginaba casada desde los 27 (jajajaja, me casé a la edad que quería casarme a los 18), con cuatro niños (ahora sueño con dos, sin ninguna ansiedad). Trabajando, obvioo, y siempre me gustó hacer clases...aunque al principio tenía mis esperanzas puestas en el periodismo, el que más tarde me desilusionó. Siempre pensé que haría clases y tendría un posgrado. No está mal, ¿verdad? Logré varios de mis propósitos. Jajajajaja. También soñaba con viajar mucho, y no puedo quejarme. 
Así que creo que a la Kuky de 18 le caería bien la de 32...no sé si la vería como ídola o querría ser como ella, pero la encontraría una mina chora. Así que bien por mí. Además, la Kuky de 32 lo pasa muucho mejor que la de 18. Son igual de neuras, pero la de 32 aprendió a sacudirse los complejos, a reírse de sí misma y está, de a poco, aprendiendo a fluir más por la vida, a estresarse y enrollarse menos. Veremos en 15 años más cómo está. 

domingo, octubre 13, 2013

"Provincianos"

Mientras escucho en un programa de televisión una discusión acerca de los cambios de sistema que el país necesita, a partir de un cambio de Constitución, recuerdo el carnaval de neuronas que tuve que escuchar ayer...recuerdo varios carnavales de neuronas dando jugo en distintas reuniones que he ido a lo largo de mi vida. Y llego a una conclusión: cambiar la Constitución de Chile (independientemente de que pueda ser necesario, eso es otro tema) no va a hacer de este país un país desarrollado. Mientras no cambiemos de mentalidad, las leyes no sirven de NADA. Además, todos sabemos lo fácil que puede ser, a veces, burlar la ley. 
Mientras en este país haya gente con mentalidad "provinciana" (no se ofendan mis amigos de regiones: por eso pongo el concepto entre comillas: me refiero a aquella gente de estructura mental rígida, reacia a cualquier cambio, temerosa de una realidad distinta, que la sacas de su hábitat y colapsa. Uso prestada esa palabra, porque, precisamente, la gente con esa mentalidad, que no cacha NADA, suele usar ese concepto, para referirse, erróneamente, a la gente que viene de regiones, dando a entender que son más ignorantes, más conservadores y más temerosos). 
A eso me refiero cuando digo provincianos. Podría decir "pacatos", "cartuchos" o "cuadrados". Gente rígida, que no se da el trabajo de pensar por sí misma: alguien lo hizo por ellos hace tres generaciones. Y en este estado, no tienen nada que ver las clases sociales, la riqueza o el partido político. Linduras así de rígidas hay en todos lados, desde el PC hasta la UDI. En La Dehesa, en la Pintana, en Curarrehue, en Valparaíso, en Putre,  en Salamanca y en Colbún. Gente que al votar, y al tomar cualquier decisión, "prefiere diablo conocido que diablo por conocer". Que creen que irse a vivir a otro barrio, a otra ciudad, o peor, a otro país, es el fin del mundo. Que si están con problemas económicos y bajan su standard de vida, se deshacen en explicaciones para explicar su modo de vida más sencillo. Y si comienzan a mejorar su situación, también explican por qué ahora andan más ostentosos. Porque les importa demasiado lo que piensan los demás. Mejor vivir, y fluir por la vida, gozar el momento cuando se puede, y luchar cuando las cosas están difíciles. Si total, el que más critica es aquél que no tiene vida. El que la tiene, está ocupado viviéndola. 
Pero volviendo a esta mentalidad rígida, tenemos la mala costumbre de creer que, cambiando las leyes, solucionaremos TODO. Jajajaja! Creemos que un gobierno puede restaurarnos. Quimeras! La mentalidad chilena es, a veces tan infantil. Quien cree que el elegido de diciembre construirá ¡en cuatro años! un Chile nuevo, que no se engañe. Porque si alguna gente, en cuatro años, no es capaz de modificar un ápice su manera de pensar, no espere que el país lo haga. Además, cada vez que un gobierno se atreve a hacer un cambio, ocurre lo siguiente: la mitad lo celebra (dentro de esta mitad, la mitad lo hace porque son lamebotas del gobierno de turno, y la otra mitad, porque de verdad lo celebra); la otra mitad está dividida entre los que consideran que "no fue suficiente", y la otra mitad, lloriquea porque no está de acuerdo con ese cambio. Es así: lo podemos demostrar con cualquier reforma. A lo más, varían los porcentajes en algunos temas. 
De niña, no entendía lo que era el comunismo y me preguntaba, por qué tanto resentimiento. Es que claro, yo veía a mis padres tratar con consideración y respeto a todas las personas. A los obreros que construyeron nuestra casa, al pediatra que nos atendía, al jefe de mi padre, a nuestra querida nana, a los campesinos que trabajaban la tierra en la parcela de mi abuelo. Yo entendía que algunos de ellos eran pobres, porque fui a sus casas, compartí con ellos y conocía a sus hijos. Pero, para mí, no había diferencia entre el doctor y el campesino: ambos merecen las mismas consideraciones. Así como hoy, saludo con el mismo cariño a la Directora del Colegio y a los auxiliares. No es tema para mí. Nunca lo fue. Pero, a medida que fui creciendo, me fui dando cuenta que mucha gente a mi alrededor, e incluso familiares, no eran así. Gente que clasifica a la gente según "categorías", déspota, clasista, racista y que se cree lo máximo. Ahí comprendí de dónde salían los resentimientos. Y entre los resentidos también se desarrolla un clasismo. Que puede ser aún más agresivo, ya que a veces está marcado por el odio. 
Mientras exista gente, "de clase alta" que se crea tanto el cuento, que se crea con el derecho de tratar pésimo a los demás, habrá resentidos que los combatan. Y peor, cuando además, hay verdaderas mafias corruptas, que se aprovechan de la gente buena. Afortunada o desgraciadamente, las mafias no son monopolio de ningún grupo social ni de ningún partido político. Y eso, ninguna ley ni gobierno lo va a poder cambiar, si es que no existe voluntad de cambio. 
Otra  muestra de nuestra mentalidad "provinciana" es el racismo y la xenofobia. Para mí, esa lacra social se produce nada más que por ignorancia y falta de mundo. Y ojo, que "no tener mundo" no sólo se da por no viajar. Hay gente que se lo viaja todo, pero como no lee nada y no conversa con la gente de los lugares que visita, no entiende nada. En cambio, conozco gente que en su vida ha viajado, pero ha leído y se ha informado. Gente que procesa y adquiere las diferencias que percibe a su alrededor. No las rechaza. Algo parecido pasa con los homofóbicos. No se han dado el trabajo de conocer a los homosexuales, ni de comprenderlos. Ellos se lo pierden. En todos lados, hay gente muy valiosa. 
La frase más imbécil que escuché ayer fue "Los niños deben estudiar carreras buenas como ingeniería y derecho. Porque todos los que estudian carreras artísticas y humanistas terminan mal, porque son hippies o maricas". Mientras exista gente imbécil que piense así, y haya otros estúpidos que avalen este raciocinio tan brillante, este país no tiene vuelta. Da lo mismo qué reformas le hagan. 
Ese comentario lo hizo una persona "de clase alta": la típica niñita de colegio cuico que se casó a los 20 años con un terrateniente, se dedicó a parir y criar hijos, y no le ha trabajado un peso a nadie en su vida. Y ojo, no estoy despotricando contra las dueñas de casa: mi madre y mis abuelas lo son, y las respeto muchísimo. Pero no tolero a las minas mantenidas que, sin haber pisado una Universidad en su vida, se crean con el derecho a clasificar la calidad de las carreras y de las gentes que las estudian. Cuando escucho comentarios así de oligofrénicos, le encuentro toda la razón a Carlos Marx. Pero, aunque los gobernara el comunismo, no dejarían de pensar así. 

sábado, septiembre 21, 2013

Es que te niegas a ser feliz..

No puedo entenderlo. Es que me esfuerzo por ser empática contigo y no me resulta. Y es porque simplemente no puedo comprenderte. Teniéndolo todo, te niegas a ser feliz. Siempre con mala cara, siempre quejándote o criticando a los demás. Derrochas amargura por todos los poros, teniendo una familia preciosa, una vida cómoda y tranquila...incluso tienes buena pinta. Pero parece que nada de eso es suficiente, y haces tempestades y huracanes en vasos de agua. 
¿Es que aún no entiendes que la vida es un regalo? Se nos entrega, como de milagro, y no sabemos hasta cuándo. Por eso, hay que aprovecharla. Y agradecer todo aquello que se nos ha dado. Obvio que es lícito esforzarse por más, y en ocasiones, quejarse hasta llorar cuando estamos disconformes. Pero al escucharte, cualquiera diría que lo pasas pésimo y que tu vida es una mierda. Y doy fe de que no es así. Tienes mucho más de lo que mucha gente jamás soñó. 
Y por otro lado, ¿no te has dado cuenta que la vida, aunque es un regalo, también es un campo de batalla? Nada es fácil. Hay que luchar, día a día, y jamás bajar la guardia. Nadie dijo que vivir era fácil. Y si bien, se nos regaló la posibilidad de estar vivos, todo lo demás corre por nuestra cuenta. Si te regalan un vestido, no puedes exigir que te regalen también los zapatos y accesorios que combinen...
No sé por qué no eres feliz. No lo entiendo. Es que tal vez no sabes serlo. Tal vez piensas que la felicidad sea tenerlo todo. O tal vez, crees que ser feliz es no tener problemas. O jamás sentir dolor. Eso no es felicidad. Ese es un concepto infantil de felicidad. Ser feliz es aceptar lo que nos tocó y saber vivir con eso. No necesariamente con alegría constante. Es vivir los problemas con resignación, aunque jamás conformista. Es luchar cada día por salir adelante y estar orgulloso. Agradecido. Eso es ser feliz. Es mirar a tu familia y a tus amigos y dar gracias. Porque están o estuvieron ahí. 
Nunca olvidaré una noche, hace más de diez años,  en  que estaba muy triste por la muerte de mi abuelo. Y le dije a una muy buena amiga, que lo echaba de menos y lamentaba tanto haberlo perdido. Y ella me dijo "No. No debes pensar que lo perdiste. Debes dar gracias por los 21 años que lo tuviste". Es el mejor consuelo que alguien me haya dado jamás. Desde entonces, enfrentar cada pérdida de un ser querido se me ha hecho más llevadero. No más fácil, jamás lo será perder a alguien. 
Por otro lado, cuando algo no resulta, a veces es porque es mejor que no resulte. A veces la vida nos prepara algo mucho mejor. A mí siempre me ha pasado eso. Yo soy bastante mal genio, alegona e impaciente, y con los años he ido aprendiendo. Y cada costalazo me ha traído tanto aprendizaje, que después agradezco. Soy una convencida de que a esta vida venimos a aprender. Y uno de nuestros aprendizajes, es a ser feliz. Y yo me siento feliz. Aunque la vida jamás sea perfecta ni fácil. Mejor así. Más por aprender y por luchar. Lo que cuesta, se valora más. Y yo valoro mucho este regalo que es la vida. Ojalá tú, algún día, te des cuenta de eso, dejes tu amargura de lado y aprendas a ser feliz. 

domingo, septiembre 08, 2013

"Los Nuevos Niños"


Advertencia: Uno de los posts más "mala onda" que se ha escrito jamás en este blog. Si es padre, tal vez acabe odiándome y tratándome de "solterona amargada". No lo soy, aunque aún no tengo hijos. Pero, me encantan los niños y soy la "tía buena onda" de mis sobrinos. Espero, señor lector, que cuando tenga hijos, mi postura no cambie. Por el bien de mis niños. Este es un país libre y democrático. Si quiere criticarme, hágalo. Pero sin insultar, por favor. 

Tal vez, en unos años más, cambie de opinión. Porque, como todo en la vida, "otra cosa es con guitarra". Pero, como la idea de los blogs es decir lo que pensamos aquí y ahora, voy a reflexionar en contra de una frase que leí hace unos días: "el nuevo tipo de educación que entregan los nuevos padres a los nuevos niños". Todo partió por un comentario que una conocida hizo en facebook, comentando un enlace que decía que hoy ya no hay que obligar a los niños a saludar de beso a los adultos, como hacían nuestros padres antaño, so pena de ser castigados por "maleducados". Aunque ese punto, en concreto, y en un mundo tan depravado como el de hoy, pueda discutirse, además de que está muy en boga el desarrollo de la personalidad, voluntad e identidad propia del niño. (Curioso: a los adultos se les incita a uniformarse y actuar como ovejas, pero al niño se le permite ser un rebelde sin causa desde que usa pañales...en fin). 

Lo que me llamó la atención fueron los comentarios de mamás de mi edad, muchas bastante nuevas en esto (con niños de no más de seis años), que destacaban las bondades de la "nueva crianza", mucho menos estricta de la que tuvimos nosotros. Eso no me gustó. Para nada. aunque sí me gusta que los padres actuales  traten de pasar más tiempo con sus niños, vayan a todos sus actos del Colegio,  que hoy la comunicación sea más fluida, que el deporte al aire libre se promueva como actividad familiar de fin de semana, y que el padre cambie pañales, bañe y dé de comer a la par con la madre, no me gusta esa crianza donde parece que es el niño el que manda. Si no quiere hacer algo,  no lo hace;  si llora, el mundo debe revolucionarse en torno suyo; sus pataletas tienen más poder que un Decreto-Ley y el menú semanal lo elige él. Esas tiranías infantiles me apestan. El cabro necesita límites. Y si no se les ponen desde chiquititos, de grandes son un desastre. Lo digo yo, que que debo lidiar diariamente con adolescentes. Y por Dios que se nota cuando detrás de estos pequeños adultos en potencia hay padres comprometidos, cariñosos y que han EDUCADO a sus hijos, sin darles chipe libre para que hagan lo que quieran. Me facilitan bastante la pega y eso se agradece. Por que yo NO soy la responsable de educarlos ni criarlos. Yo ENSEÑO y entrego un apoyo a la educación recibida en casa. 

Me da la impresión de que hay un mucho treintón traumatizado por la estricta educación que recibió en los años '80 (Ojo: antes era AÚN PEOR), y por eso, busca ser liberal y "buena onda" con sus retoños. Si a eso sumamos que a veces el poder adquisitivo (o la capacidad de endeudamiento) es mayor que la que tuvieron sus padres, el escenario puede ser peor. Porque, a veces, los padres, queriendo enmendar lo que hicieron sus propios progenitores, o "darles a sus hijos lo que ellos nunca tuvieron", les dicen que sí a todo. ¿Resultado? Niños mimados y tiranos. Que no conocen la palabra NO y que creen que el mundo gira a su alrededor. Y les digo: con la adolescencia se ponen peor. Si usted tiene temas no resueltos con la educación espartana que recibió, hable con sus padres o vaya al psiquiatra. No trate de convertirse en un paladín de la justicia infantil malcriando a sus hijos. Esa tarea déjela para los abuelos (sí, los mismos padres estrictos de su infancia, hoy son abuelos chochos) o en los tíos. Usted, edúquelos. Con cariño, preocupación, regaloneos, pero también con límites y valores. 

Espero que, en unos años más, mi visión no cambie. Sé que "otra cosa es con guitarra", pero al escribirlo, me estoy obligando a tratar de cumplir. No me interesa tener un "nuevo niño", quiero niños que sean buenas personas, educados y conscientes de que viven en un mundo, rodeados de personas, que deben ser respetadas. Que valoren el esfuerzo y sean esforzados. Que sean libres, pero que conozcan sus límites y limitaciones. Que sean felices, pero que respeten la libertad de los demás. No quiero niños egoístas, taimados, pataleteros, maleducados ni tiranos. Sé que me espera una ardua tarea, pero...¿quién dijo que la vida es fácil? Mejor así. Lo que es muy fácil no se valora. 

domingo, junio 09, 2013

7 años

Corría el año 2006, y una joven chilena de 25 años, mientras gozaba de un semestre sabático antes de irse a estudiar un magíster en España, se hizo un blog. Comenzó escribiendo de actualidad, comentando desde su perspectiva de ciudadana común y corriente (privilegiada, eso sí), lo que ocurría en su país y el resto del mundo. Todo esto, condimentado con su estilo directo y sin rodeos, un poco de sarcasmo y, por supuesto, avalada por sus conocimientos de Historia, los que la enorgullecían, y los mismos que buscaba profundizar con aquél magíster. Fue el año en que una mujer asumió la presidencia de Chile, y en que los estudiantes secundarios se volvieron protagonistas con su "revolución pingüina". 
Cuando partió, en septiembre de ese año, al otro lado del charco, a un lugar llamado Pamplona, tuvo su blog abandonado unos meses. Meses de mudanza, inicio de clases, de nostalgias, de conocer nuevos amigos, de visitar nuevos lugares. Meses intensos. Siempre acompañada por la escritura, pero en papel. Como había hecho toda su vida, desde los 11 años. Pero, en diciembre de ese año, decidió comenzar un nuevo blog, al que llamó como el libro de poesías que a los 16 años soñó con publicar: "Confesiones de una Ermitaña". Decidió que no sólo hablaría de la contingencia nacional e internacional, sino, de la vida misma. A pesar de eso, su primer post sí fue inspirado en un tema de actualidad: la muerte de Pinochet en diciembre de 2011. Imposible, para un chileno, mantenerse indiferente ante la muerte de tan importante personaje, uno de los protagonistas de la división y el rencor que, hasta ahora (claro que en menor medida), marca a su país. 
Estudios, viajes, el amor, la amistad, recuerdos, matrimonio, muerte...son algunos de los temas que este blog ha tratado en estos años. A veces sólo son descargas, otras veces se lanzan dardos contra el muro, reflexiones de todo tipo, homenajes, celebraciones, desvaríos. Pero seguimos aquí, luego de 7 años en la blogósfera. 

martes, mayo 28, 2013

Viviendo deprisa

Un semestre que parecía iba a ser un poco más descansado, terminó siendo más ocupado que nunca. Hoy pasé por aquí y no podía creer que mi última entrada hubiese sido en marzo...a mediados de marzo y ahora estamos a fines de mayo. Siempre he escrito con alguna frecuencia, pero la verdad, este año, como nunca, el tiempo ha sido escaso. Ha sido bueno, en todo caso, no me quejo. Si bien, las finanzas no han andado como esperaba (estoy haciendo un curso menos y eso se nota a fin de mes), no me puedo quejar. Acabo de pasar por el blog de Iranzu y al lado de ella, la verdad es que estoy en jauja.
Eso me pasa siempre: cada vez que estoy insatisfecha con algún aspecto de mi vida, lo mejor que me puede pasar es mirar alrededor. No es que uno se compare, ni busque al que lo pasa peor para sentirse mejor. Eso me carga y me parece mediocre. Pero sí lo hago por otra razón: al ver los problemas del resto, me doy cuenta que a veces me quejo por huevadas. Y ahí, vuelvo a ser una agradecida de esta vida, que es un regalo, pero un regalo que hay que luchar cada día por mantener. Alguna vez dije aquí que la vida es un campo de batalla. Lo dije en un momento en que sentía que libraba varias, fue un año complicado, de deseperaciones y dolor. 
Ya no mantengo esa actitud beligerante, porque las aguas están más mansas. Pero jamás bajo la guardia. Las veces que la he bajado, algo pasa. Siempre. Nada en esta vida es eterno, nada está asegurado. Pero es mejor así, ¿saben? Si no fuese así, nos aburriríamos. Cada golpe, cada desilusión, cada proyecto fallido, me inspira a hacer correcciones, diseñar nuevos proyectos, emprender nuevos rumbos, trazar nuevas metas. Y siempre, termino creyendo que todo fue para mejor. 
Y en eso he estado, emprendiendo nuevos proyectos, leyendo y escribiendo mucho. Disfrutando. Actualizando conocimientos. Diseñando nuevas estrategias para enseñar. Me encanta lo que hago, y soy una agradecida de poder dedicarme a ello. De verdad lo disfruto. Aunque  la Historia sea  una amante intensa, absorbente, y no muy lucrativa, al menos en este país. Me fascina. Me encanta enseñar. Lo paso bien, y me siento privilegiada por poder disfrutar de lo que hago. No todos tienen la misma suerte. Y a veces, eso es más importante que recibir un tremendo sueldo, como ocurre en otras profesiones. Eso me consuela en los meses de vacas flacas. No podría estar todo el día en una oficina analizando balances, por ejemplo. ¡Muero de lata! 
Pero es impresionante cómo el tiempo pasa cada vez más deprisa. Parece que fue ayer ese 17 de marzo, fecha de mi última entrada, en la que despotricaba contra algunas tendencias de la juventud actual. Lucho contra eso a diario, y me sorprende gratamente ver cómo muchos de mis alumnos (casi la mayoría), condenan esas tendencias. Me alegra. Quiere decir que los padres están haciendo su trabajo y nosotros, sus profes, contribuimos con nuestro granito de arena para que así sea. 

domingo, marzo 17, 2013

Juventud, divino tesoro

No quiero parecer amargada, ni me las quiero dar de Catón. No me interesa despotricar contra la crisis moral de la juventud occidental y mundial. No, no es ese mi afán. Pero, a mis 32 años, y ya con varios años de clases a adolescentes en el cuerpo, tras haber despedido a unas cuantas generaciones de IV Medio, y tras recibir a otras tantas en primer año de Universidad (esto del pluriempleo tiene sus pros y contras, y es muy bonito vivir este contraste de continuidad...), puedo ver algunas actitudes de estos "polluelos" que me están preocupando.
Y no son los que algunos preocupados padres creen. No es el carrete, no es el alcohol, las grogas y el sexo. Creo que eso ha sido siempre más o menos igual, la diferencia es que ahora hay más libertades de acceso, más información, mayor poder adquisitivo y menos tabúes. Aunque, obviamente, eso ha generado cambios, que asustan a cualquier progenitor, mi reflexión de hoy no va por ahí. Mi reflexión de hoy está relacionada con eso, en todo caso.
Me preocupan los referentes juveniles que ven los niños (porque, para mí, en IV Medio, todavía son algo niños), en los medios de comunicación. Algunos programas juveniles, reality shows y paneles de farándula de nuestra televisión nacional abierta, se han dedicado a alzar personajes, a mi juicio, despreciables, presentándolos como "modelos" para la juventud, al tener caras bonitas, lindos cuerpos (muchas veces, por obra y gracia del bisturí) y alto poder adquisitivo, al explotar sus atributos físicos (hasta ahí, nada que me moleste), pero también sus vidas privadas. Uno no entiende, cómo se les da tribuna a personajes que en realidad no aportan nada, y que, peor aún, festinan con su mal comportamiento, recibiendo a cambio importantes pagos.
La verdad, si la gente quiere prostituirse, o vender su vida privada, a mí me da lo mismo. Es problema de ellos. Lo que me preocupa es que se muestre tan reiterativamente en la tele, a jóvenes que no hacen nada productivo. Que sólo se dedican a mostrar su físico, ventilar sus romances, peleas y delitos, y que ni siquiera (y eso, es lo que más me preocupa), son capaces de hacer algo que, en el Chile actual es indispensable: terminar el Colegio. Y no estamos hablando de que sean jóvenes de aldeas marginales del extremo norte o sur del país, de escasos recursos, y que deban viajar cinco horas para ir a clases. ¡No! Son personas que, teniendo todos los medios para estudiar, no lo hacen. Por flojera. Nada más.
Y como la ociosidad es la madre de todos los vicios, pronto los vemos entregados a varios de ellos. No estudian, no trabajan (a veces, sacan plata del modo ya explicado, otras veces hacen eventos, etc., pero, en general, y comparándolos con el chileno promedio, no se esfuerzan mucho, que digamos), se lo pasan carreteando, cambiando de parejas como quien cambia de polera, y provocando escándalos. Me da lata que la tele muestre esto a cada rato, porque los niños ven estas cosas y pueden crearse imágenes distorsionadas. Ya que, se sabe, vivimos en una sociedad bastante consumista y hedonista (todos tenemos algo de eso, el que esté libre de pecado...), y nuestros adolescentes son más vulnerables que los adultos en caer en aquello.
Porque en la adolescencia se desarrolla parte importante de la personalidad e identidad, se sufren cambios y transformaciones, que a veces alteran sus estados de ánimo. Y este mismo proceso, a veces, los vuelve egocéntricos y egoístas. Este volcarse en su ego es normal (aunque no hay que fomentárselo), ya que están conociéndose, descubriéndose. Y el ego, está muy ligado a la búsqueda del placer. Eso nos lleva a ser consumistas y hedonistas. Y si ven, entonces, gente con buena pinta, exitosa con el sexo opuesto, que tiene los autos, viajes, ropas y demás lujos que quiere, sin haber terminado el colegio, sin levantarse temprano y esforzarse cada día, pueden generarse falsas expectativas acerca de la vida, que recién empiezan a conocer.
Obviamente, en este punto, el rol que juega el entorno del niño es fundamental. La comunicación y el ejemplo de sus padres, el ambiente familiar, los incentivos para el esfuerzo, tanto en el Colegio como en la casa, son indispensables. Pero, desgraciadamente, todos sabemos, que a veces algo de eso falla. Por diversas razones, y no quiero entrar en detalles ni juzgar. La educación y la crianza son difíciles. Es natural que un adolescente sea un poco superficial, egocéntrico y que quiera pasarlo bien. Lo que hay que darles a entender es que no siempre se puede pasarlo bien, y en esa tarea, los medios de comunicación nos hacen un flaco favor a los padres y educadores.
Además, está todo lo que tiene que ver con el respeto a uno mismo y los demás, el valor de la vida privada, la importancia de tener criterio y valores  morales. Aspectos en los que muchas veces estos "modelos" de la televisión se caen. Y acá no se trata de criar niños amargados, que no quieran salir ni a la esquina y que vean el pecado en todo. ¡Eso me parece igual de horrible! Sino que, hay que tratar de buscar el famoso "justo medio" aristotélico. Se puede pasarlo bien, sin que eso ponga en riesgo nuestra vida. Podemos disfrutar, pero siempre respetando a los demás y a nosotros mismos. Podemos viajar y comprarnos cosas bonitas, pero teniendo claro que eso no es lo más importante en la vida. Podemos preocuparnos por nuestro físico, para vernos mejor, pero sin enfermarnos ni distorsionar nuestra imagen en busca de un ideal inalcansable.
Ese "justo medio", que a la gente sensata le parecerá obvio, en estos personajes sobreexpuestos en nuestra televisión, no lo es. O al menos, esa imagen es la que proyectan. Esa es la imagen que ven nuestros niños. Y si nosotros no les explicamos que eso no está bien, ellos se pueden confundir. Sobre todo si no lo están pasando bien, si tienen problemas familiares, no se concentran en sus estudios, si no saben qué quieren hacer con sus vidas, si no se sienten queridos...A mí, de verdad, me da pena y rabia lo bajo que están cayendo los medios. Con el impacto que generan en las personas, en lugar de preocuparse tanto de vender, debieran ocuparse más de transmitir aportes más positivos. Curiosamente, cuando la televisión inició sus transmisiones, en los años '60, la comenzaron las Universidades y el Estado, con el propósito de apoyar a la educación y la cultura...sin comentarios.

jueves, febrero 28, 2013

Valle de la luna

La separación fue dolorosa. Él pensó que el corazón le explotaba. Ella sintió que se le abría el piso. Sus sueños de casarse con él, en el Valle de la Luna, vestida de verde, le parecían ya una estúpida quimera. Sólo tenía diescisiete años. Pero de verdad creía que jamás volvería a amar a alguien de esa manera. Habían sido amigos desde niños y, sin saberlo, siempre lo quiso.  El año anterior, todo había cambiado entre ellos: se había dado cuenta de que su mejor amigo, su partner, era mucho más que eso.  Un beso había cambiado todo entre ellos y fue el comienzo de un año maravilloso. Al menos al principio. Poco a poco llegaron los roces, los dramas, las inseguridades y los celos. Parecían la pareja perfecta: amigos desde niños, de personalidades muy parecidas. Pero, por algo se dice que los polos opuestos se atraen. Un día, ella se dio cuenta que ya no más. Lo amaba, pero ya no lo soportaba. Era como verse constantemente reflejada en un espejo, con sus cualidades, sí, pero también con todo aquello que no le gustaba de sí misma. Terminar con él fue una decisión difícil. Lo adoraba, y no sólo perdía a su supuesta alma gemela: también perdía a su mejor amigo. Pero tomó la decisión, y aunque le costó un litro de lágrimas, bajar varios kilos y dos semanas de insomnio, fue lo mejor.
Para él, fue muy distinto. Él siempre la quiso. Desde niño. Y no como amigo. Cuando la vió por primera vez, a los 9 años, pensó que era una princesa de cuentos. Su princesa. La consentía en todo. Jugaban a lo que ella quisiera. Pasaron los años, llegó la adolescencia, las primeras fiestas y los primeros romances. La vio enamorarse de otro y ella se lo contó entusiamada, mientras le brillaban los ojos. Se hizo el loco, dejó que le presentara a cientos de amigas, mientras ella lloraba por un amor no correspondido. Y ahí estuvo él, siempre escuchándola. Cuando la vio pololeando con otro, se dio cuenta que debía olvidarla y encontrar a otra persona. Pero aquello no duró mucho, sólo un par de meses. Ella duró más tiempo, pero cuando terminó, nuevamente él estuvo allí para contenerla. Parecía que aquello era un amor imposible. Enamorado de su mejor amiga...tan lejos y tan cerca a la vez...
Pero algo ocurrió ese invierno. Se conocían hace nueve años. Él estaba en su último año de Colegio, a ella le faltaban dos. Ella se enteró que él estaba saliendo con alguien que conocía. Una chica que le caía bien, hasta el minuto que supo que salía con su mejor amigo. Ahí le tomó antipatía y no sabía por qué. Le dolía la guata cada vez que lo veía con él y no entendía nada. Se dejaron de ver un tiempo, de llamarse, de pasar esas tardes interminables viendo películas. Ella también salía con alguien, pero se le había pasado el entusiasmo inicial. Decidió terminar esa relación que no tenía futuro y estaba feliz. Esta vez, no hubo sufrimiento. Decidió que pasaría sola un buen tiempo. Sólo tenía diesciséis, para qué amarrarse.
Dos semanas después, él la llamó. Era un frío día de julio, ella disfruba de los primeros días de vacaciones de invierno, luego de dos semanas llenas de pruebas y trabajos. No sabía porqué, al oírlo, sintió algo raro en el estómago. Pensó que era el colon irritable de nuevo...él se escuchaba triste, preocupado, desorientado, sentimientos típicos de alguien que está por terminar IV Medio. Decidió ir a verlo. Quería mucho a su amigo. Iría a subirle el ánimo y a decirle que sería el mejor médico de Chile, que sería puntaje nacional y que era seco. Antes de colgar, le preguntó por su novia...y no supo por qué, se alegró tanto cuando supo que habían terminado...hace un mes.
Cuando llegó a su casa, él la recibió con un gran abrazo. Le confesó que la echaba de menos. Y le preguntó por su novio...ahí ella le dijo, muy tranquila, que ya no estaban juntos. Él no ocultó su alegría. Le dijo que ese chico no era para ella, y que por eso él se había alejado, porque le dolía verlos juntos. La miró a los ojos cuando se lo dijo y ella creyó que se iba a desmayar. Nunca había sentido eso. Nerviosa, cambió tontamente de tema, le preguntó por sus problemas, le contó anécdotas del Colegio, de las vacaciones...fue pasando la tarde, se pusieron a ver una película por la tele, y cuando ya era un poco tarde, ella decidió volver a casa. Vivían muy cerca. Él se ofreció a acompañarla. Y cuando estaban en la puerta de su casa, él le dio un beso. Eso fue todo. Ahí, ella comprendió porqué le dolía el estómago cuando él le hablaba y porqué se mareó cuando él la miró a los ojos. Nunca había querido a alguien de esa manera. Y cuando supo que él siempre la quiso, pensó que moriría de felicidad. Así pasaron seis meses. Soñaba con casarse con él, en el Valle de la Luna, vestida de verde. Soñaba que vivirían en Roma, con cuatro niños y tres perros. Era muy niña, muy consentida. Pero de a poco, comenzó a despertar. Y así, un año tres meses después de ese primer beso, todo terminó.
Decidió que lo mejor era no verse más. Él estaba muy dolido y estuvo de acuerdo. Meses después, ella supo que él ya estaba acompañado y fue doloroso. Más noches de insomnio. Pero pudo superarlo. Conoció a otros, volvió a ilusionarse. No todavía a enamorarse. Faltaba tiempo para eso. Se lo encontró casualmente. Él seguía acompañado. Se veía muy feliz. Esta vez, sí se alegró por él, no le dolió nada al verlo. Pudo conversar y mirarlo a los ojos sin sentir nada. Fue raro, pero bueno.
No se volvieron a ver. Ella entró a la Universidad, conoció gente nueva y volvió a enamorase varias veces. Hasta que se encontró con su alma gemela de verdad. Que no era como verse a un espejo, sino todo lo contrario. Quiso pasar toda su vida con él, pero ya no importaba cómo ni dónde. Un vestido verde y el Valle de la Luna le parecían tonteras de niña chica. Se casó de blanco, por la Iglesia, sólo tuvo dos niños y un perro. Pero era más feliz de lo que nunca imaginó.
A veces se acordaba de él, y pensaba qué sería de su vida. Ella no sabía que a él le pasaba lo mismo. Estuvo con muchas mujeres, pero nunca la olvidó. Ya no la amaba, pero inconscientemente, en cada una de las mujeres que amó, la buscaba a ella. Su primer amor. Y un día se encontraron en un parque. Cada uno con sus familias. se saludaron cordialmente, y cada uno siguió su camino. Él se quedó pensando lo diferente, físicamente, que era el marido de ella, a él mismo. En cambio, a ella le llamó la atención lo parecida a ella que era la mujer de él. Era como ella quería ser cuando tenía diesciséis.
Fue raro encontrarse. Cada uno pensó un ratito, esa noche, en el otro. Pero eso fue todo. Ambos estaban felices con la vida que habían elegido y se alegraron por la otra persona. Pero sacando cuentas, supieron que habían pasado casi quince años. Ya no se conocían. Se parecían a dos personas que alguna vez se quisieron. Nada más.
 

miércoles, enero 16, 2013

Happily Ever After?

La semana pasada fui a un matrimonio en otro país. Además de aprovechar de descansar, conocer y compartir con gente muy buena onda, el matrimonio en sí fue bonito, los novios estaban felices. Pero, me llamó la atención lo joven que era la novia: 20 años. Yo a esa edad era una cabra chica, orgullosa de serlo, mi mayor responsabilidad era estudiar, y aunque pololeaba muy enamorada, casarme no figuraba en mis planes inmediatos (por algo me casé siete años después y no antes). Pero bueno, cada uno sabe cómo hace su historia y cada persona es diferente, así que bien por ella. 
Por otro lado, a mí, una de las razones que me llevaba a ser reacia al matrimonio cuando era más joven, era presenciar, en primera fila, que el "happily ever after" no existe. ¿Por qué creen que los cuentos acaban ahí? Porque la idea del cuento es, por un lado transmitirnos una enseñanza, y por otro, evadirnos de nuestra realidad a un mundo de ensueño. Hay gente, más crítica y combativa que yo (sí, las hay peores que yo, ¡cuidado!), que dirían que los cuentos fueron creados para mantenernos con la perpetua ilusión de que todo será para mejor, para mostrarnos cuál es nuestro rol en la sociedad (como hombre-héroe-príncipe-proveedor y como mujer-"damisela en apuros"-princesa-dueña de casa). Es decir, una especie de "opio del pueblo", jejeje (aunque algo de sentido tiene...). 
¿Se imaginan si el cuento de la Cenicienta siguiera? Y ella tuviera que sufrir las críticas y pelambres de las tías de su príncipe, que la encontraban "rota" y "pobretona". ¿Y los temores a que el príncipe le fuera infiel? ¿Su lucha por bajar esos kilos de más que le dejó el embarazo? ¿Su batalla con un principito que no quiere comer? ¿El enojo de su marido por el desorden de la  pieza? Ya no nos gustaría tanto el cuento, por la simple razón de que dejaría de ser un cuento. Y desde muy chica, me dí cuenta que la vida real no es cuento. Y que la parte soñada del matrimonio es sólo la propuesta, la ceremonia, la fiesta y la luna de miel. Lo demás, es espectacular, no lo niego: comprometerse con alguien a quien uno ama siempre lo es. Pero no es de cuento ni de ensueño. El mismo pololeo no lo es, y los preparativos del matri pueden ser muuy estresantes. Por eso, al ver a esta niña de 20 años casarse, me pregunto: ¿sabrá lo que le espera? Talvez sí y bien por ella, ya que es muy valiente al decidir tomar un paso tan importante a tan corta edad. 
En la otra cara de la moneda, he presenciado en primera fila, como esa novia que parecía una princesa el día de su matrimonio, termina convertida en una verdadera bruja. Y cómo ese guapo novio, galante como un caballero medieval, termina convertido en un villano. Obviamente, exagero, pero sólo un poco. Todos sabemos que una relación de pareja mal avenida puede sacar lo peor de nosotros. La vida no es una película de Disney y a veces, los problemas, la gran cantidad de trabajo, las deudas, las enfermedades, o simplemente, la monotonía de la rutina, pueden hacernos colapsar.

Agrego esta imagen, por sugerencia de Iranzu. El link es https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEi97J_Vw1q0zkk_N7GLxdN4YBEnZEcAXBqgGsvxO5fzpALDIOAiJs64yFCbiQFU-AIJrYeioC7lkABqb3vvjLXerObDSZRiFs7rD-QKLaWK0MohNWCX4TBOWYl-Yg-xuQJiykUHLA/s1600/snow-white-after.jpg

domingo, diciembre 09, 2012

¿Qué te hicimos?

No me hicieron nada, y sí, las abandoné. A ustedes, mis amigas de la infancia, mis amigas del Colegio.Es difícil explicarlo, porque es difícil que lo entiendan. Ni yo misma lo entiendo muy bien. Hubo un momento en que estuve muy mal, y decidí que debía alejarme de ciertas compañías que me hacían mal. Es raro. Lo que me hacía mal de estar con ustedes no era algo que ustedes hayan hecho, al menos conscientemente. Me hacían sentir mal. Y me costó mucho tiempo el descubrir el porqué. Las últimas veces que las ví, siempre quedaba con una sensación rara, estaba triste durante días. Y después lo descubrí: cuando estaba con ustedes no me sentía auténtica. Me sentía como aprisionada por un corset que me impedía respirar bien. Y no es culpa de ustedes: es el ambiente en que nos movimos 14 años de Colegio. Un ambiente en el que siempre me sentí cuestionada y criticada, donde para evitar mayores críticas y cuestionamientos, me ponía el corset. Y cada vez que éste se aflojaba un poco, me tachaban de "rara". Y llegué a creer que así era, hasta que empecé a conocer otro mundo, en el que era bastante menos rara. Y luego viví en otro país, donde lo raro era ser normal, y donde los corset estaban mal vistos, porque hacen que la gente sea sosa y reprimida. 

Por eso, cuando volví, el corset ya no me cabía. Y sentí cómo, cada vez que las veía, las críticas y cuestionamientos eran frecuentes. Aunque lo hacen inconscientemente, siempre están ahí. Y esa es la verdad: no me sentía cómoda compartiendo con ustedes. De a poco, y una vez superado el estrés que marcó mi vida durante dos años, puedo decir orgullosa que ya todo eso me resbala. Durante esos dos años no podía verlas, porque estaba en un proceso de "limpieza", y talvez, cobardemente, decidí evitar todo aquello que me hacía mal. Por eso, las evité. Como ven, el problema es mío. Sólo mío. No es nada que ustedes hayan hecho: ustedes son como son. No quiero criticarlas ni cuestionarlas por eso.

Podría decirles que al principio, las eché de menos. Pasé por un muy mal momento y las sentía muy lejos. Quería contención y no la tuve. Sé que la busqué y encontré pocas respuestas. Talvez no busqué suficiente. Ya no importa, porque yo tampoco las contuve cuando ustedes estuvieron mal. Creo que nuestra amistad se ensució. Eso me llevó a permanecer alejada. La idea de que ya todo se había acabado, la idea de que el vínculo estaba roto y era imposible de reparar. Pero ayer, algo pasó que me llevó a pensar que talvez, estaba equivocada y que es posible enmendarlo todo.  

miércoles, noviembre 07, 2012

Los misterios de la vida

Hoy terminé de convencerme de que Occidente está en crisis. Porque cada vez se hace más evidente un síntoma que ya me está empezando a preocupar: la superstición. Cada vez más seguido, comienzo a escuchar gente que intenta explicar cosas de diversa índole, usando argumentos que no son racionales, sino que basados en lo que para mí, son tonteras. No es que yo sea totalmente escéptica, creo que efectivamente  existen poderes más allá de la ciencia y la razón, pero culparlos constantemente de todo lo que pasa, me parece que raya en la tontera. Lo mismo opino de toda esa sarta de pelotudeces apocalípticas. 
No puedo entender que una persona le eche la culpa de sus desgracias y fracasos a "fuerzas ocultas". Cada vez escucho más seguido gente que habla de "males de ojo", "trabajitos", "brujería", etc. Cuando muchas veces, sus desgracias y fracasos son culpa de su propia negligencia, de su falta de esfuerzo, de su constante pesimismo. Creo efectivamente, que hay gente que a veces tiene una nube negra gigante en la cabeza. Lo que no creo que eso sea por un mal de ojo, vudú o lo que sea. Creo que a veces son pruebas que nos pone Dios (o como le llamen los que creen) y a veces, nos pasa algo malo y eso nos desmoraliza tanto, que nuestra propia ansiedad nos hace atraer nuevas desgracias. 
Cuando muere un ser querido, es difícil entenderlo y aceptarlo. Todos lo sabemos. Pero, la muerte es parte de la vida, y para esa persona, su peregrinar por esta vida se acabó. Creer que alguna fuerza maligna estuvo detrás de la muerte de un ser querido es una estupidez. De hecho, me parece infantil, supersticioso, inmaduro y totalmente irracional. Una locura. Pero comprensible, cuando se pasa por un momento de mucho dolor. Por eso, hay que contener a los que sufren. Y tratar de que no le den más vueltas a los por qués. Porque jamás sabremos ese porqué. Ese es uno de los misterios de nuestra vida: por qué se acaba cuando se acaba...
Y por otro lado, cuando algo no nos resulta, sin saber por qué, normalmente caemos en canciones lastimeras, llorando por nuestra "mala suerte". Y a veces nos esforzamos tanto en conseguirlo, pero igual no resulto...Nos dicen que todo pasa por algo, y nuevamente intentamos desentrañar los misterios de la vida, cayendo en reacciones y explicaciones absurdas. Pero a veces, años después, nos alegramos de que aquello no haya resultado, porque todo fue para mejor. Normalmente es así. 
Hay que dejar de cuestionarse cada desgracia que nos pasa, y cuando lo pasamos pésimo, no pensar, sino más bien "entregarse". Eso cuesta muchísimo, porque el ser humano tiende a colapsar mentalmente ante el exceso de presión o sufrimiento, y un síntoma de ese colapso es pensar tonteras. 

lunes, octubre 22, 2012

Pamplona. Siete Años Después.

14 de septiembre de 2006. Una chilena de 25 años baja de un tren, procedente de Madrid, en Pamplona, capital del reino de Navarra. Amante de la Historia medieval, razón que la ha llevado a tomar sus maletas y embarcarse en una aventura al otro lado del charco, dejando familia, amor y amigos, sabe qué importancia tuvo Pamplona y su reino. Importancia con cierto valor sentimental, ya que 300 años antes, un antepasado suyo dejó esas mismas tierras para comenzar una nueva vida en el Nuevo Mundo...
Se encontró con una ciudad limpia, ordenada, llena de áreas verdes, con un centro histórico medieval maravilloso, que en siete días alocados de julio se revoluciona por sanfermines. Un claustro gótico que la cautivó. Una Universidad en la que pudo conocer mucho más acerca de aquél período que tanto le entusiama. Gente increíble, sincera, de esfuerzo, y por sobre todo, leal hasta la muerte.
Fue un año maravilloso, ése que pasé en Pamplona. Lo recordaba con cariño y nostalgia. Por eso, este regreso, aunque breve (sólo dos días), fue precioso. Reencontrarme, un 14 de septiembre, pero siete años después, con esa ciudad a la que quiero tanto, su gente, sus monumentos y su gastronomía, fue un muy buen momento. Pasé casi tres semanas en España, recorriendo lugares increíbles. Algunos, como Pamplona, Barcelona, Toledo, Zaragoza y Madrid, no eran nuevos para mí. Pero, me agradó mucho volver. Y conocer lugares donde nunca había estado como Jaca, Sevilla o Granada, fue espectacular.
Hoy quiero recordar mi reencuentro con Pamplona. La encontré igual que siempre, al igual que antes, me perdí en sus calles redondas y vagué por las callejuelas del centro. Navarrería;  San Saturnino; los pintxos de San Nicolás; la taconera; la plaza del Castillo; la Ciudadela; el Campus con sus árboles otoñales, donde tantas veces me senté a su sombra a conversar sobre la vida ; las tiendas de la calle Iturrama, cercanas al piso donde viví...
Fue un bonito reencuentro. Había prometido volver y cumplí. Ahora prometo volver por un tiempo más largo. ¿Volvería a vivir allá? ¡De todas maneras! Pero, no sé si ahora es el momento, todos sabemos cómo está la situación allá...aunque, debo confesarles, que, hasta llegar a Madrid, un turista no nota que España está en crisis. Lo notas si conversas con la gente, que te cuenta  lo que está viviendo; si ves las noticias; si te topas frente a frente con las protestas (algo que a mí, al menos, sólo me tocó en Madrid, aunque supe que días antes de que yo pasara por ahí,  hubo una en Barcelona). Lo notas en el aeropuerto, cuando tu vuelo, que hace escala en Guayaquil, va lleno de inmigrantes que vuelven a su país.
Pero, ves movimiento en las calles, no ves caras largas, los restaurantes siguen llenos, al igual que las tiendas (aunque hay que advertir que había muchos turistas). Se ven muchos monumentos restaurándose, obras públicas importantes llevándose a cabo (como el tranvía de Zaragoza). Aunque, ver la Plaza Mayor de Madrid vacía, un martes a las 8 pm, sí es un indicio de que algo está pasando. Algo grave. Aunque, como les digo, uno lo nota más en las conversaciones de la gente. Por lo tanto, si un turista va, se dedica a pasarlo bien, no prende la tele y no habla con la gente (un tipo de turismo que a mí no me gusta, por incompleto), ni se enteraría de la crisis en España.
En Pamplona, noté menos inmigrantes que antes y  más gente hablando euskera. Eso fue lo que más llamó mi atención. Pero, el movimiento en las calles del centro era el mismo. El mismo pueblo alegre y trabajador, que disfruta de una buena comida, con gente honesta, sencilla y tolerante. Un pueblo gozador, pero con los pies bien puestos en la tierra, que sabe perfectamente la crisis que vive, pero en lugar de lamentarse, lucha por salir adelante. Por eso, el turista despistado jamás verá la crisis.

lunes, septiembre 10, 2012

Reflexiones...

Nuevamente, septiembre comienza con una noticia triste. Hace un año, el avión casa en Juan Fernández y hoy, la muerte de Blanquita. ¿Qué tienen en común? Para los que no sufrimos directamente con estas tragedias, ambas nos han hecho conmovernos con el sufrimiento ajeno hasta las lágrimas. Al igual que esa vez, quedamos con miles de interrogantes, millones de "porqués". Debe ser algo terrible perder a un hijo, dicen que es el dolor más grande. Y en este caso, algo absolutamente inesperado, casi fortuito. Y da rabia y pena ver cómo a una pareja joven, simpática y exitosa le arrebatan así a su niñita. Y eso que uno no los conoce de verdad. ¡Cómo debe ser ese dolor para ellos! Creo que inimaginable. Lo bueno es que están rodeados de gente que los quiere, que, de alguna forma, con su cariño, les ayudarán a vivir su duelo. Porque el dolor no se acaba. Se apacigua con el tiempo, se transforma. Pero siempre duele.
Una vez más, una tragedia viene a recordarnos que la vida es un regalo, y que nuestros seres queridos también lo son. Por eso, hay que disfrutarlos cada día, gozar cada momento. No sabemos cuándo se nos van a ir de nuestro lado. Disfrutar de las cosas simples, alegar menos, no complicarse por tonteras, no andar peleando con todo el mundo... a veces se hace difícil. Pero hay que esforzarse por pasarlo bien y sobre todo, aprovechar la compañía de los que más queremos.

sábado, agosto 18, 2012

Y tú...¿qué te crees?

Lo digo en serio...¿qué te crees para andar por la vida con esas ínfulas de rey, de ser superior y exitoso, mirando a todos por encima del hombro? ¿Quién te hizo juez de lo que es correcto, de decidir quién es mejor que otro? Humillando, haciendo comparaciones odiosas, siempre buscas quedar bien, hundiendo a los demás...¿quién te crees que eres? ¡¿Hasta cuándo?!
Sol@, te vas a quedar sol@, porque ya nadie más soporta estar a tu lado. No importa todo lo que te esfuerces. El cariño uno se lo gana dando cariño. No sacas nada con ser tan generos@, si después de un acto amable, vienen cien palabras de crítica. Talvez, a veces, una crítica tuya haga bien. Porque las verdades duelen, pero es necesario escucharlas. El problema es que acá no hay reciprocidad. Tú puedes estar un día entero diciéndole a la gente las "verdades", sacándole en cara sus defectos, limitaciones o debilidades. Pero, a la larga, eso cansa. Y si uno trata de decirte algo, si alguien intenta decirte lo mismo a tí, incluso usando un tono menos agresivo y burlesco al que usas tú...te engrifas, insultas y aumentas tus descalificaciones hasta el infininito.
Por eso digo, ¿qué te crees tanto? ¿O acaso eres el primer ser humano de esta era creado con infinitas perfecciones? Y si así lo fueras, tendrías tolerancia y filtro. Medirías lo que dices, o al menos, lo dirías una vez, sin estar constamente repitiéndole a la gente sus defectos. Eso a la larga cansa, cansa mucho. Y siendo que puedes ser una persona muy buena, lo echas a perder con esa actitud. ¡Qué pena!

(Dedicado a aquellos cuyo ego es tan grande, que no son capaces de ver la viga en sus ojos, pero que son expertos en ver la paja en el ojo ajeno)

domingo, julio 22, 2012

¿Por qué luchamos?

Hace como un mes, al leer una revista, me encontré con una reflexión que me tiene muuy pensativa: una mujer que, al alcanzar el éxito, se angustió y deprimió. Y eso, me hizo recordar una reflexión que tuve hace meses: me pasé tantos años peleando por lo que quería hacer que, justo cuando lo conseguí me volví un ser angustiado, estresado y mareado. Y llegué a pensar que fue porque ya no sabía por qué pelear. Y, al ser de naturaleza guerrera, al seruno de mis lemas "life is a battlefield", por primera vez en mucho tiempo, no encontraba batallas qué pelear.
Ayer, me encontré nuevamente con un testimonio que me dejó pensativa: la entrevista que le hicieron a Cristián Warken quien, en un proceso de crisis personal (crisis entendida como un proceso de cambio, en su caso, al parecer, iniciado por un duelo a raíz de la muerte de su hijo, un duelo que ha decidido sabiamente vivir como deben vivirse los duelos: sentidos, reposados y respetando sus tiempos personales), ha decidido vivir una vida más simple, más reposada, menos trabajólica y materialista. Partiendo de la base de que él nunca me ha parecido ni trabajólico ni consumista, sí está optando por una vida más sencilla, renunciando a muchas de las cosas de las que llenamos nuestras vidas creyendo que con eso estaremos seguros y felices. Pero, al final nos metemos en el engranaje de una maquinaria sin fin, que nos va consumiendo.
Y es un tema que a mí me llega, y creo que a todos no nos debería dejar indiferentes: cómo a veces pasamos años y años buscando conseguir algo, y cómo al conseguirlo, nos damos cuenta que en eso no se basa nuestra felicidad. Yo pasé dos años llorando y peleando para lograr hacer ´clases en la Universidad y tener un trabajo estable. Y el 2010, cuando finalmente logré tener 4 ramos en dos universidades distintas, un curso de posgrado y un contrato en un Colegio, ¡colapsé! Pasé seis meses de mi vida mareada, con crisis de pánico. Corría todo el día, por las tardes ya no quería hacer nada, y en las noches me costaba dormir. Además, como familia, vivíamos un duelo muy fuerte y el mismo país estaba, literalmente, tambaleándose. Y por razones de salud, tuve que reducir mi carga laboral, creyendo que algún día lo retomaría, cuando saliera de mi colapso.
Hoy, dos años después, completamente restablecida, ni en sueños pretendo volver a sobrecargarme jamás como hice en 2010. Ya no le veo sentido. Me encanta lo que hago, pero lo que hago no define quién soy, no es lo único que soy. Me hace feliz, pero no pretendo volver a esclavizarme. Obviamente, esto tuvo un costo económico, pero lo asumí sin problemas: total, los excedentes me los gasté casi todos en sanarme. Y volví a sentirme libre y a disfrutar de lo que hacía, Y lo más importante: volví a tener vida. Ahora llego en las tardes, cansada, pero con ganas de hacer cosas, disfruto nuevamente de la vida y duermo bien en las noches.
Creo que a veces, y al menos, fue lo que me pasó a mí, nos autoadjudicamos un rol de guerreros por la vida tan intenso, que luchamos con tanta fuerza por lo que creemos importante, que cuando lo conseguimos, estamos demasiado agotados para disfrutarlo. Mejor vivir el momento, agradecer a cada instante lo que tenemos, y obviamente, jamás bajar la guardia (lo siento, es mi naturaleza, jeje). Pero, ir sin prisas ni ansiedades, respetar nuestros tiempos y a veces, como el gran Cristián Warken, bajarse un tiempo de la montaña rusa, cuando sentimos que nos ahoga y marea, y entregarnos a una vida más sencilla.

sábado, mayo 05, 2012

Cronos

¡Qué ganas dan a veces de vencer al padre Tiempo!
Y hacer que no pasen los años, arrebatándonos a quienes más queremos.
¿Qué hacer? nada, porque es imposible vencer a Cronos,
siempre atento a devorarnos y a arrebatarnos esos días felices...
aunque no todo es malo, a veces nos trae nuevas causas de felicidad.

Pero hoy, quisiera retroceder el tiempo, al menos unos años,
cuando aún estaban los que ya partieron,
cuando los que ahora sufren, antes reían.
Pero, ¿cómo retroceder el tiempo sin borrar
las cosas buenas que ocurrieron desde entonces?



jueves, mayo 03, 2012

Sin dar explicaciones

No me importa que me juzguen ni que me pelen. Tampoco me importa si me entienden. Me basta con entenderme yo misma, cosa que ya cuesta bastante. Talvez, mis decisiones sean egoístas. Pero es que me ha costado bastante recuperar mi salud mental como para perderla de nuevo. Y eso me lleva a evitar ciertas personas y situaciones...sobre todo cuando cacho que ando especialmente vulnerable, cuando el piso vuelve a moverse y cuando ya mi neura es descomunal.  No sé si lo entenderán, no sé si me perdonarán...no sé si es como para pedir perdón, no siento que la embarré. Nadie me ha dicho nada tampoco. Y la verdad, no sé si importa mucho. Ya fue. Nunca me he preocupado mucho de lo que opine el resto. Obvio que me importa el hacer lo que esté correcto. Pero cuando eso signifique exponerme a sufrir una nueva crisis, creo que mi omisión, no sé si queda justificada, pero me deja tranquila. Es que el tema de la enfermedad y la muerte me cuesta mucho. Tanto, que talvez eso me llevó a investigar cómo se enfrentaba ese trance en otras épocas. ¡Pero todavía me cuesta! Me da rabia, pena, impotencia, me pongo nerviosa y así soy un cero a la izquierda. En esas condiciones, mejor aislarse y no convertirse en una carga, cuando el resto está preocupado de cosas más importantes que de mis neuras. De ésas me encargo yo. Mejor aparecerse cuando uno ya está más sereno, y no agravar más la situación. Talvez haya una dosis de egoísmo en mí, pero siento que una presencia, de alguien extremadamente nervioso, es peor que una ausencia. No sé si lo entiendan, pero no sé si hay que dar explicaciones...es algo muy mío, y trabajo para superarlo...pero cuesta! y los últimos meses han sido muy cargados...y eso me ha hecho retroceder un poquito...me siento más debilucha como para enfrentar estas pruebas y debo recargarme más. Es que ese tema me enfurece. La enfermedad se nos presenta a veces como algo tan injusto! la incertidumbre, el dolor, el sufrimiento...es difícil ver algo bueno en todo eso. Puede que el aprender a afrontar estas cosas sea la lección que vine a aprender...antes pensaba que era la tolerancia (que también...). Así que en eso estamos! aprendiendo a costalazos.