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lunes, agosto 11, 2014

Oh captain, my captain.

Hasta siempre Robin Williams...no puedo creer que, a sus 63 años, este gran actor nos abandone, de forma tan inesperada. Como olvidar sus películas, desde la graciosa "Mrs Doubfire", su lúdica voz interpretando al genio de "Aladino"', el inolvidable y entrañable médico "Patch Adams", el mentor del también genial Matt Damon en "Good will hunting" y, mi favorita, el mejor profesor en la historia del cine en "La Sociedad de los Poetas Muertos". Esta última película la debo haber visto a los 15 años y me marco. Creo que, hasta el día de hoy, su personaje es un referente para cualquier profesor con vocación. Realmente envidiable la llegada que tenía con sus alumnos. La escena final, cuando todos sus estudiantes se ponen de pie al grito de "Oh captain, my captain", es inolvidable, preciosa, emotiva. Hasta el día de hoy, no puedo leer ese poema de Walt Wittman sin que se me humedezcan los ojos. Mucho después, me entere que esa poesía estaba dedicada a Abraham Lincoln...y paso a ser, para mi, un referente histórico, un documento. Pero, siempre mi primer recuerdo está asociado a la escena final de esa preciosa película. 
Carpe Diem!
Fuentes: https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEilZ7clppKohUznCCtFoBJGYTMsrHdup1xZd1fvscGfg-vuHxSkvKJYrYKing0bCncqtgR0lFk2c27dqVJY4QZ2GI7sl7YDjN_P-F2O8kEwFG1cRqUKXb2c7c56gLevrrrYL66U1Q/s1600/poetas_muertos.jpg
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martes, febrero 08, 2011

El Rayo Verde


Dirigida por el genial Eric Rohmmer en 1986, esta película francesa veraniega deja mucho para pensar. Su protagonista, Delphine, es una secretaria que está bastante deprimida por el fin de una larga relación. La maravilla que es París en verano no logra sacarla de su tristeza. Por eso, centra sus esperanzas en su ansiado mes de vacaciones, en el que irá dos semanas a Grecia con una amiga. Pero, hay un cambio de planes que a Delphine la hunde aún más en su depresión. Amigos y familia tratan de incluirla en sus planes veraniegos o la intentan convencer de viajar sola. Pero, Delphine no quiere. Y cuando se atreve, no se siente feliz.
Delphine está sumida en una profunda tristeza. Las playas de Normandía, rodeada de amigos muy amables, no le satisfacen. Tampoco las montañas. Finalmente, va a Biarritz. Y, tras rechazar nuevamente a un "pretendiente" (Delphine le teme a los hombres, porque está herida, teme arriesgarse en una nueva relación, porque teme sufrir), decide volver a París. Pero, la estación de trenes le depara una maravillosa sorpresa...
Del rayo verde oye hablar en Biarritz: el último rayo del sol que se ve cuando éste se pone en el mar. No siempre se ve, y por eso, se supone que quien logra verlo, logra aclarar sus sentimientos. Justo lo que necesita una Delphine confundida, temerosa y deprimida.

jueves, febrero 11, 2010

Cometas en el Cielo




En junio de 2007, en plena temporada de exámenes de mi magíster, ese libro llegó a mis manos. Prácticamente me lo puso en las manos alguien que acababa de leerlo y que se lo habían recomendado del mismo modo. Acababa de ser traducido al castellano. Prometí leerlo, apenas acabara los exámenes, pero en realidad lo leí en dos días, entre un examen y otro, para descansar del estudio. No podía creer lo que estaba leyendo. Creo que el director que la llevó al cine acertó al describirla como "una épica íntima". Porque es la historia de Amir, un pashtun de Afganistán, un niño adinerado en el Kabul de los años '70, cuya vida cambia para siempre tras los cambios políticos que vive su país. Él huirá junto a su padre, un próspero abogado, tras la invasión soviética, a Estados Unidos. Pero esta historia no se centra en la sufrida evolución política de Afganistán en los últimos 30 años, sino en Amir, su amistad con su sirviente hazzara, y cómo su cobardía y sus celos infantiles le hacen cometer un terrible error que deberá compensar 20 años después, cuando le digan que "aún es tiempo de redimirse".


Para quienes no lo saben, los hazzara o jázaros, son un pueblo de origen mongoloide que llegó a Medio Oriente hacia el siglo VII, formando un reino a orillas del Mar Caspio y en lugar de convertirse al Islam, se hicieron judíos. Al ser de un origen étnico diferente y profesar otra religión, se convertirán en una minoría muy discriminada y perseguida en países como Afganistán. Mientras Amir representa la elite afgana: pashtún, musulmán y rico; Hassan es mongol, pobre, judío e hijo de un sirviente. Pero mientras Amir es un niño intelectualmente muy despierto, es incapaz de defenderse de quienes le molestan. En cambio el analfabeto Hassan es un niño valiente y servicial.


No sé por qué la crítica que leí de la película fue devastadora, cuando a mí me pareció que captó muy bien la esencia del libro y el mismo autor quedó muy contento. Es cierto: el libro es poesía pura, que no el cine no siempre es capaz de expresar. Decir que el libro es mejor que la película, más que un cliché es casi siempre una obviedad. Pero la película me gustó, me encantó lo bien ambientada que está y por sobre todo, los actores. Están muy bien escogidos, sobre todo los niños: Amir, el protagonista, el "antihéroe" de niño, que de adulto, para redimirse, será capaz de un acto de gran valentía, es un niño afgano, cuyas expresiones demuestran toda la complejidad de sentimientos que experimenta Amir: amor, odio, celos, inocencia, miedo, remordimientos...Hassan en cambio es pura bondad, una persona de ésas que se entrega por entero a quienes quiere (dice otra frase preciosa: "yo por tí lo haría mil veces") y el niño que lo interpreta proyecta precisamente eso. Por otro lado, Sorab es el niño triste, porque la vida lo ha golpeado cien veces. Sólo esbozará sonrisas cuando ya esté seguro de que su terrible pasado ha quedado atrás.


El personaje del padre de Amir es mi favorito: un hombre admirado, exitoso, valiente y bondadoso. Pero que guarda un gran secreto que al develarse, nos hará cuestionar su honorabilidad, pero sólo por unos momentos. Se le perdona, porque dentro de todo el contexto, se le comprende, aunque no se le justifica. Un hombre de gran fortaleza, que sufrirá malgenio y en silencio el revés de su fortuna, pero sin dejar de luchar, en pos del bienestar de su hijo. Un ejemplo de superación y esfuerzo. Durante sus años prósperos, nos regalará otra de las frases maravillosas de este libro: "No existe más pecado que el robo, ya que al matar, estamos robando al hombre su derecho a la vida y al mentir, robamos su derecho a conocer la verdad". Precioso.


La historia es fuerte, no recomendable para niños ni para gente extremadamente sensible, pero vale la pena leer el libro o, en su defecto, ver la película. Es cierto que hay escenas donde se sufre mucho, se llora de pena y rabia, pero el resultado final es provechoso. Es un libro que nos hace pensar y cuestionarnos muchas cosas. La primera y más simple: me hizo considerarme una persona tremendamente afortunada, por mi infancia cómoda y tranquila, en contraste a lo que sufren los pobres niños afganos. Y aunque en principio, uno quiere pegarle a Amir, por su cobardía y su crueldad inconsciente, después se da cuenta de que Amir es como todos hemos sido alguna vez: sin la valentía suficiente para defender lo que queremos. Pero, al igual que él, "todavía es tiempo de redimirse".


domingo, marzo 18, 2007

El Velo Pintado



Ayer fui a ver esta película al cine. Protagonizada por Edward Norton y Naomi Watts, nos muestra la historia de esta mujer inglesa que se casa sin estar enamorada con un bacteriólogo que trabaja en Shangai, que a pesar de que la ama locamente, es incapaz de demostrarlo. Me hizo sufrir mucho este amor tácito que tiene él por ella, llevándolo a tener actitudes incomprensibles, como perdonarle su descarada infidelidad, a cambio de llevársela a un poblado rural, infestado de cólera. Todo esto ambientado en la China de 1925, época de las revueltas nacionalistas, que manifestaban violentamente su descontento por cualquier extranjero en su país.

La actitud de él nos lleva a odiarlo en un momento. Creemos que sólo siente desprecio por su mujer, que la encuentra tonta o inútil. Pero en realidad el pobre no es más que un reprimido, que trata de ser "el hombre perfecto", correcto y educado, intentando hacerla feliz con regalitos, pero sin la pasión que ella necesita. Por eso ella lo engaña con el galancete inglés de Shangai y cuando su marido lo descubre, le hace saber que se irán de la ciudad. Ni un grito ni palabra de reproche. Yo ahí me empecé a desesperar. Me parecía imposible tanta represión, tanta indiferencia. Uno llega a pensar que por las venas de ese hombre no corre sangre.

A medida que la película va desarrollándose, vemos que el pobre hombre se refugia en su trabajo, que no es nada agradable, porque por muy bonito y altruista que nos parezca intentar salvar a una aldea que se muere de cólera y no entiende una palabra de lo que dices, la realidad es muy distinta. Yo ahí empecé a sentir admiración por él. Porque sería incapaz de hacer algo así.

Es raro lo que puede hacer la gente por amor. Y esta película es un gran ejemplo de ello.

miércoles, febrero 28, 2007

L'Ultimo Bacio y "El Síndrome de Peter Pan"



Hoy volví a ver esta película italiana, que me encanta. Por qué me gusta tanto, no sé, porque como gran parte del cine francés e italiano, trata temas muy "cotidianos", pero de una forma artística que es propia de ellos. Además, sus paisajes son maravillosos y, bueno...la verdad es que el italiano es mi idioma preferido, lo encuentro apasionado y romántico, me encanta.

En fin, la película nos muestra los sentimientos de un grupo de treintones que se niegan a dejar "la eterna adolescencia". La primera vez que ví esta película, tenía 22 años y los treinta me parecían un horizonte muy lejano. Todavía estaba en la Universidad y más de la mitad de mis amigos aún no se planteaban el casarse o tener hijos. Pero ya desde entonces, yo tenía claro que yo sufría de "Síndrome de Peter Pan Agudo", ya que el titularme, buscar trabajo y formar familia, eran responsabilidades que trataba de postergar el mayor tiempo posible. Y hoy, casi 4 años después, veo que eso es lo que he hecho. Y ¿saben qué? Me encanta, aunque sé que es imposible ser la eterna adolescente y siempre he tenido claro que libertad implica responsabilidad, agradezco el esfuerzo de mis padres por darme la oportunidad de estudiar y yo siempre me he esforzado por responderles y he tenido mis peguitas donde he ganado mi platita.

Mi tema con las responsabilidades adultas no va tanto por lo de ser independiente económicamente ni con el miedo al compromiso. Supongo que se imaginan que después de casi ocho años de pololeo, sería enferma de hueona si me diera miedo el compromiso. Mi negación a ser 100% adulta se debe a que me niego a ver la vida con la seriedad adulta. Todavía me gusta ir a tomarme unos copetitos después de clases, de repente carretear un día de semana y pegarme un viaje sin remordimientos de pensar cómo pagaré las cuentas del fin de mes. Me gusta llegar a mi casa y que me regaloneen y todavía compro agendas de Hello Kitty y Winnie The Pooh. Me niego a ponerme un trajecito de dos piezas para ir a trabajar, aunque sí me visto formal y recatada para la pega y me siento rara o disfrazada con pantalones de vestir.

Talvez por eso me gusta esta película que muestra este grupo de amigos, algo mayores que yo, que se niegan a hacerse adultos y aceptar reponsabilidades. Aunque dan ganas de sacarles la chucha, cuando vez que uno no para de fumar pitos y tirar cada noche con una mina distinta; otro que está chato de su mujer y su hijo y no los pesca; el otro que se niega a hacerse cargo de la empresa familiar cuando su papá muere y el protagonista, que teniendo una polola preciosa, con la que vive en un depto muy piola y va a tener una hija, le baja una crisis hueona, de volver a ser pendex y se mete con una pendejita de colegio, estupenda, pero muy niñita. El "cable a tierra" del grupo es el que decidió tirarse a la piscina de la adultez de una: se casó con su polola y trata de aconsejar a sus inmaduros amiguitos.

No quiero contarles el final, pero pasa como la vida: algunos deciden prolongar su época irresponsable y otros se establecen. Y me gustó eso, porque creo que prolongar la adolescencia un ratito está bien. Sobre todo, cuando tienes 20 y tantos, porque ya superaste los complejos de la primera adolescencia, gozas de más libertad y recursos para pasarlo bien, eres más consciente y te cuidas más. Pero, lega un punto en que hay que chantarse y despegar haciala vida adulta. Pero yo me lo he tomado como un proceso y he ido quemando etapas de a poquito, para poder disfrutar un poco más la "adolescencia adulta", aunque siempre con límites y responsabilidad.

Los personajes de esta pelicula no siempre llegan a ese equilibrio. En general, casi todos trabajan y se mantienen, pero se niegan a comprometerse con algo y por eso planean un súper viaje por África. Algo motivante y atrayente, pero que a veces suena a huída. Y creo que huir, para evitar comprometerse con algo no es la solución.

A veces nos gustaría ser eternamente niños, no tener responsabilidades y hacer lo que queremos, no lo que tenemos que hacer. Pero, ¿saben qué? si hiciéramos eso, finalmente nos aburriríamos. Por eso, para variar, y apelo al eterno equilibrio. Talvez para ustedes esto parezca una obviedad, pero es que yo soy súper extremista y visceral. Y creo que se puede prolongar un poco la eterna adolescencia, en el sentido de no achacarnos múltiples responsabilidades antes de tiempo.

Pero, en el caso de los protagonistas de "El último beso", ellos estaban en una situación intermedia: dos eran padres y se negaban a la responsabilidad y el compromiso. Y yo ahí me enojo. Porque si eres padre, ya te adjudicaste varias responsabilidades de una. Responsabilidades ineludibles y que son para toda la vida. Entonces, asume. Si ya eres padre, ya es imposible no considerarse adulto. Porque ya tienes otra vida que depende de tí y tu libertad se ve, en cierto sentido, limitada. Aunque, me parece que es la más preciosa limitación que podamos poner a nuestra libertad.

Además, creo que ser adulto no significa dejar de pasarlo bien. Significa darse cuenta de que no todo en la vida es pasarlo bien. Cuando ya el deber no nos parece una imposición, porque entendemos que de esos deberes depende nuestra felicidad y la de quienes nos rodean. Los deberes pasan así a ser una opción. Decidimos ser responsables, comprometernos y cumplir. Yo me siento una adolescente aún, porque estoy en proceso de aceptar todo eso. Y mi nula intención por acelerar demasiado ese proceso es una prueba de que aún no maduro del todo.