sábado, abril 28, 2007

Las Memorias de Godswinta

Yo, Godswinta, dos veces reina de los visigodos, he decidido escribir estas líneas narrando los acontecimientos que han sucedido en mi familia. Escribo dominada por la ira, ya que me siento absolutamente traicionada por mi querido hijastro Recaredo, quien, al poco tiempo de ser coronado rey en Toledo, sucediendo a Leovigildo, mi difunto esposo, ha decidido abjurar de la religión de sus padres, convirtiéndose al cristianismo romano y condenando la doctrina de Arrio.

Ahora, ha convocado a todos los nobles y eclesiásticos a un Concilio, donde pretende reconocer esa vil mentira que afirman los católicos al reconocer en Jesús una divinidad similar a la de Dios Padre, su creador. En ningún momento, Recaredo, ese niño ingrato, ha pensado en mí. Y a mi dolor, por haber perdido recientemente a mi amado esposo, se suma ahora mi indignación contra mi hijo, que parece olvidar que he sido como una madre para él y los esfuerzos que hicimos con su padre para convertirlo en un hombre virtuoso, educándole en los valores de la fe arriana, la misma que mis padres y abuelos profesaron, así como todos los godos desde que el gran Ulfilas nos bautizara, dejando en el olvido nuestros antiguos dioses.

Hoy, la que parece haber quedado en el olvido soy yo. Para mí, la conversión de mi hijo es una puñalada en la espalda. Afortunadamente, no estoy sola en mi dolor. Tengo amigos que me apoyan y al igual que yo, permanecen fieles al cristianismo arriano. Esto me convierte en enemiga de mi hijastro.

Una vez más, la fe divide mi reino y mi familia, como ocurrió hace un par de años cuando aquél traidor de Hermenegildo, influido por la intrigante Ingundia y el insoportable de Leandro, no sólo abjuró del arrianismo, sino que además cometió la osadía de dividir el reino que tantos esfuerzos costó a mi querido Leovigildo unificar. Hermenegildo, después de hacerse bautizar católico, se declaró rey en Sevilla, uniéndose a todos los enemigos de mi esposo: bizantinos, suevos y esa plaga de senadores romanos que abundan en la Bética. Los unía su oposición a la política unificadora de mi amado Leovigildo y esa creencia absurda en la Santísima Trinidad.

Aunque ahora mi hijo Recaredo pretende conservar la unidad por la que su padre tanto luchó, no puedo sentirme orgullosa, porque lo hace con una fe equivocada. Que la doctrina defendida por Atanasio y Constantino sea adscrita por todo el reino, no hace que ésta sea menos errónea y herética.

La unificación del reino de los godos en Hispania es algo que he presenciado muy de cerca. Soy viuda de dos de sus reyes, además de ser como una madre para quien lleva actualmente la corona. Mi historia como reina de los visigodos comienza cuando yo era muy joven y fui dada en matrimonio a Atanagildo. Cuando lo conocí, jamás pensé que junto a él llegaría a lo más alto de las cortes de Hispania.

Recuerdo el día en que lo vi por primera vez. Yo era muy joven y soñaba con casarme con un hombre guapísimo, de buena familia y trabajador. Cuando lo conocí, el día que nuestros padres arreglaron nuestro compromiso, me desilusioné un poco. Porque no era tan guapo como me lo imaginaba. Además, quería casarme con un príncipe merovingio, me habría encantado ser reina de los francos. ¡Lástima que sean católicos! En lugar de un guapo príncipe franco, fui casada con este magnate visigodo. Con el tiempo me conformé, porque después me di cuenta que había cosas más importantes en la vida que la apariencia física.

Atanagildo y yo fuimos muy felices. Aunque no me casé enamorada, llegué a quererlo mucho. Aunque en un principio estaba furiosa con mis padres, por las razones que ya les comenté, me bastó hablar con él un par de veces para darme cuenta de que era un hombre inteligente, astuto y ambicioso. Yo desde pequeña soñaba con ser princesa, como todas las niñas. Pero cuando me casé, pensé que mi sueño jamás se cumpliría. Sin embargo, poco después me di cuenta de que él compartía mis sueños y yo lo motivé a luchar por el poder.

Llevábamos ya algún tiempo juntos, cuando Agila fue elegido como nuestro rey. Nosotros no estábamos de acuerdo con esa elección. Mi Atanagildo era un hombre carismático y muchos de los godos confiaban en él. Había llegado nuestra oportunidad. Así fue como un día, se despidió de mí, diciendo que lideraría una rebelión contra nuestro rey. En esta lucha, no se encontraba solo: además de nuestros fieles godos le apoyaban los bizantinos y esos ingratos hispanos, en los que yo jamás confiaría. Angustiada, esperé en casa, hasta que supe que mi esposo había salido victorioso y era alzado en el escudo, convirtiéndose en el nuevo rey.

Pero el reinado de mi Atanagildo no fue tan feliz como esperábamos. Los bizantinos, a los que mi esposo había solicitado ayuda, le cobraron instalándose en el sur de nuestro territorio. No sé si llegaré a ver el día en que esos griegos vuelvan a Oriente y nos devuelvan lo que usurparon.

Ese Liberio, líder de las tropas bizantinas enviadas desde Ceuta, nos fue de gran ayuda para derrotar a Agila en la Bética. Pero, mientras nosotros nos reorganizábamos tras la victoria, ellos se extendieron por las costas del sureste, alcanzando el Guadalete y el norte de Cartagena, ciudad que es ahora su capital en estas tierras. Esta expansión bizantina fue clave para el triunfo de Atanagildo, aunque después se convertiría en su dolor de cabeza. Porque cuando los bizantinos ocuparon el sur, los seguidores de Agila, percatándose de su ruina, mataron a su líder en Mérida, reconociendo a mi esposo como su rey.

Hubo una época en la que nuestro reino era dirigido desde Rávena por nuestros primos, los ostrogodos. Cuando mi Atanagildo llegó al poder, en el año 555, esta situación ya se había acabado, pero aún había mucho por hacer: lo primero fue fijar un lugar definitivo para nuestra corte, itinerante hasta ese momento. Decidió que nos instalaríamos en Toledo, a orillas del Tajo. Un lugar central, desde donde podríamos controlar toda la península y, además con poca presencia de los odiosos romanos y sus ritos católicos.

Mi pobre Atanagildo tuvo que enfrentarse, sin mucho éxito, a todos nuestros enemigos, para poder lograr cierta estabilidad en el trono. En la zona que los romanos llamaban Galecia y la Lusitania estaban los desagradables suevos, que a pesar de ser germanos, como nosotros, decidieron jurar su fidelidad a la Iglesia de Roma. Ellos habían creado un reino, que se oponía a nuestro deseo de dominar la Hispania. Pero no eran el único obstáculo al que el pobre Atanagildo tuvo que enfrentarse: en el norte estaban esos pueblos rebeldes, que se hacen llamar astures y vascones.

Y en la Bética se concentran esos hispanos que se jactan de ser de la nobleza senatorial romana, que nos desprecian y llaman “bárbaros”. Muy bárbaros seremos, pero igual somos militarmente superiores. Por si fuera poco, tenemos que soportar además la presencia de esos griegos enviados por Justiniano, que han ocupado desde Gadez hasta Murcia, en ese afán quimérico del Basileus de recuperar el control del otrora “Mare Nostrum” de los romanos.

Atanagildo y yo tuvimos dos hermosas hijas: Brunequilda y Gelesuinta. A cada una le dimos un marido digno de ellas, hijas del rey de los visigodos. El año 566 llegaron a nuestra corte los embajadores de Sigeberto I, rey franco de Austrasia, para pedir la mano de Brunequilda. Segiberto quería una esposa de noble estirpe, a diferencia de sus hermanos, que se habían rebajado a casarse con mujeres del pueblo.

Eso me parece inconcebible: si un hombre es hijo de reyes o noble, debe casarse con alguien de su misma condición. Además, el matrimonio es el mejor modo de establecer alianzas. Bien lo sé yo. Por eso, casé a mis hijas con príncipes francos. Y a mis hijastros, los hijos de Leovigildo, también les busqué mujeres nobles, dignas de ellos. Jamás habría consentido que se unieran a una campesina o a una actriz, como hizo Justiniano, emperador de Oriente. Eso me parece horroroso. Teodora no sólo era plebeya, sino que además tenía un pasado muy oscuro. Sin embargo, a pesar de mis esfuerzos de casamentera, he cometido errores, que me han costado muy caros.

Con mi pobre Gelesuinta nos equivocamos, al casarla con Chilperico I de Rouen, rey de Neustria. Antes de que cumplieran un año de casados, este mal hombre, instigado por una de sus concubinas, la pérfida Fredegunda, la hizo asesinar. Ha sido el más grande dolor que he tenido en mi vida. Ese maldito rey católico no supo respetar y amar a mi niña como ella lo merecía.

Mi otra hija, Brunequilda, tuvo más suerte con Sigeberto de Austrasia. Pero ahora pienso que, de volver atrás, jamás habría casado a mis hijas con reyes católicos. Mi Brunequilda tuvo varios hijos, entre ellos Childeberto, que heredó el trono de su padre, y esa terca Ingundia, que años después se convertiría en la esposa de mi hijastro Hermenegildo, y en la causante de toda esa revuelta que casi divide nuestro reino.

Cuando mi marido Atanagildo murió, como es habitual en este reino, muchos bandos se disputaron su poder. Fueron cinco meses sin rey, donde muchas veces los magnates me consultaron qué hacer. Ellos acudieron a mí, porque sabían que yo les aconsejaría, basándome en lo que Atanagildo hubiese hecho. Sin embargo, ese período ha sido muy incomprendido por mis enemigos, que con muy malas intenciones han dicho que yo ejercí una especie de regencia o interregno. Nada más alejado de la realidad. ¿Cómo podría yo, una simple princesa germana, osar gobernar al pueblo visigodo? Distinto es el hecho de que mis dos maridos y muchos magnates hayan considerado mis opiniones al momento de tomar decisiones.

Finalmente se decidió que el nuevo rey sería Liuva, el duque de la Septimania. Pero éste no contaba con el apoyo de todos los nuestros, por ser señor de un territorio galo, más allá de los Pirineos. Entonces, éste decidió asociar al trono a su hermano Leovigildo, quien por ese entonces pidió mi mano. La decisión del nuevo rey fue doblemente acertada, ya que Leovigildo no sólo residía en Hispania, sino que además se convirtió en mi esposo. Y yo, como viuda del rey anterior, tenía gran influencia entre los godos partidarios de Atanagildo. Eran otros tiempos…ahora sólo un reducido círculo me apoya, en contra de las desafortunadas decisiones de mi hijastro.

Leovigildo fue el gran amor de mi vida. A Atanagildo lo quise mucho, pero con Leovigildo todo fue distinto. A mi primer marido lo conocí siendo casi una niña, crecimos juntos y tuvimos dos hijas preciosas. Fuimos muy felices juntos, a pesar de los problemas que afrontamos al ser reyes de los visigodos y del dolor que nos causó el cruel asesinato de nuestra hija.

A Leovigildo lo conocí siendo una mujer adulta, madura, con hijas casadas y nietos. La primera vez que lo vi, mi Atanagildo aún vivía y él había quedado viudo hacía poco tiempo. Me pareció un hombre muy atractivo. Participaba activamente en el Aula Regia cuando Atanagildo era el rey. Yo lo veía llegar y a veces conversaba con él. Me parecía un hombre muy interesante, muy inteligente. Atanagildo siempre tomaba en cuenta sus opiniones.

Cuando quedé viuda, fue uno de los primeros en presentar sus condolencias. Aunque me parecía un hombre guapo e inteligente, yo aún no sentía nada por él. En ese momento lo vi como un amigo, que me acompañaba en mi dolor. Como él había pasado por lo mismo, supo confortarme con sus palabras y así, en un primer momento, empezó una linda amistad. Comenzó a visitarme con frecuencia y, no sé en qué momento, me di cuenta de que sentía algo por él. Si pasaban varios días en que no lo veía, comenzaba a echarlo de menos y cuando anunciaba su visita, corría a arreglarme y a cambiarme de ropa.

Cuando Liuva comenzó a perfilarse como el posible sucesor de mi difunto Atanagildo, Leovigildo y yo ya estábamos juntos. Nadie lo sabía, porque temíamos que se nos reprocharía, porque había pasado menos de un año de la muerte de mi esposo. Por eso, cuando Leovigildo se presentó como asociado al trono y comprometido con la viuda del rey anterior, todos creyeron que se trataba de una treta política. Pero, en realidad, estábamos muy enamorados. Aunque, debo confesar que yo ayudé mucho a Leovigildo y a Liuva para que fuesen reyes.

Siempre he sabido cómo convencer a los hombres. Y cuando Atanagildo era rey, yo siempre le di mi opinión y consejo. Por eso, sus hombres me respetaban y cuando él murió, siguieron consultándome las decisiones. Desde el principio, me parecía que Liuva y Leovigildo eran la mejor opción. No quise mover mis influencias de tal manera de que Leovigildo fuera el sucesor inmediato de Atanagildo.

A pesar de que es conocido mi poder de persuasión, nunca hay que hacerlo notar demasiado. Y que el nuevo rey fuera el futuro esposo de la viuda del anterior, me habría hecho ver como la gran responsable. Por eso, ocultando todavía mi relación con Leovigildo, convencí a los magnates de que eligieran a Liuva. Después de que éste fue coronado, hicimos público nuestro compromiso. Y como a algunos visigodos les pareció mal que el nuevo rey fuera duque de la Septimania, él anunció que su hermano, residente en Hispania y muy popular, sería asociado al trono.

Obviamente, hubo gente que se dio cuenta de que yo había movido mis influencias y algunos mal intencionados osaron decir que yo era la que realmente gobernaba. Pero, no fue así. Yo siempre fui la consorte del rey. Talvez, mucho más tomada en cuenta que muchas de las mujeres de los reyes anteriores, pero nunca fui más que una simple mujer que daba su opinión y consejo a su esposo. Y lo habría hecho, aunque mi esposo hubiese sido un campesino o un mercader. Tocó la casualidad de que mis dos esposos fueron reyes y entonces, mis opiniones y consejos maritales afectaron a toda Hispania.

Cuando murió mi cuñado Liuva, Leovigildo, al ser asociado al trono, se convirtió en su sucesor. Esto sucedió dos años después de la elección de su hermano, en el 569. Desde el principio y para evitar los desórdenes que provocan las sucesiones, asoció a sus dos hijos; Hermenegildo y Recaredo. Nunca me llevé muy bien con Hermenegildo, siempre me pareció un joven obstinado y rebelde. Nunca tuve una pelea con él hasta que se casó con Ingundia. Ahí nuestra relación se hizo insostenible. Antes de su matrimonio con mi nieta, habíamos discutido un par de veces, pero no había pasado a mayores.

Con Recaredo la relación siempre fue distinta. Mucho más parecido a su padre, inteligente como él, sabía escuchar la opinión de los demás. Desde el principio, nos llevamos muy bien y por eso él me considera su madre adoptiva. Jamás pretendí reemplazar a su difunta madre, pero cuando me casé con Leovigildo, traté de que sus hijos, entonces unos adolescentes, me vieran como una amiga. Con Hermenegildo logramos tener una relación cordial, aunque fría, que después empeoró por mi mala relación con su esposa. Pero para Recaredo yo fui su mejor amiga, su confidente y consejera, llegando a ser para él su segunda madre.

Estoy orgullosa de todo lo que hizo mi muy querido esposo Leovigildo por este reino. Él tenía el sueño de hacer de Hispania un gran reino godo, que incluyera tanto a germanos como a los romanos. Todos bajo el mismo rey, la misma ley, la misma lengua y fieles a la fe verdadera, aquella en la que nuestros ancestros fueron bautizados por Ulfilas.

Su primer logro fue acabar con ese odioso reino católico que tenían los suevos en el occidente de nuestra península. Mi muy inteligente rey logró aislarlos, evitando que se comunicaran con dos de nuestros grandes enemigos, que profesaban su misma fe equivocada: los francos en las Galias, lo que significó evitar que sus navíos salieran al Océano; y los romanos de la Bética, para lo que tuvo que cortar los caminos. En el norte se enfrentó a los rebeldes astures y vascones. No logró acabar con ellos, aunque sí logró contenerlos, estableciendo contingentes militares en León y Vitoria. Eso le dio mayor seguridad a nuestro reino. En el sur no tuvo tanta suerte, ya que aún siguen ahí esos bizantinos, a pesar de que logró reprimir una revuelta que provocaron y les confiscó sus bienes.

Leovigildo fue brillante al darse cuenta de que necesitaba consolidar su imagen de rey, imponiendo respeto entre sus súbditos, tal como lo hace el Basileus de Constantinopla. Era necesario empaparse de algo de esa pompa que rodea al emperador oriental. Por eso, Leovigildo incorporó el uso del cetro, de la corona, el manto real y el trono. Como nuestra monarquía es electiva, el rey necesita destacarse por sobre los demás, necesita ser amado y temido al mismo tiempo, para no sucumbir ante las conspiraciones o rebeliones. Yo disfruté con su idea de introducir la ceremonia de la coronación, en reemplazo de nuestra antigua costumbre de alzar en el escudo al nuevo rey. Es más bonita, más solemne y además, sirve para que romanos y bizantinos se den cuenta de que no somos tan bárbaros.

Otro acierto de mi rey fue en lo legal. Leovigildo decidió crear el Codex Revisus, una legislación única, válida para todos los súbditos del reino. Y para lograr que todos los habitantes de Hispania se identifiquen como parte de un mismo reino, derogó esa absurda prohibición de los matrimonios mixtos, entre godos e hispano romanos.

Sin duda, el mayor disgusto que enfrentó mi pobre Leovigildo fue esa horrible traición protagonizada por su propio hijo, Hermenegildo. Su padre lo comprometió con mi nieta Ingundia. Mi esposo cometió un error casando a su hijo con una princesa católica. Como la novia tenía apenas doce años, ingenuamente creímos que su marido lograría hacerla entrar en razón y convertirse al arrianismo.

A pesar de que fue un matrimonio arreglado, Hermenegildo e Ingundia se enamoraron de inmediato. Hermenegildo era un joven apuesto, muy parecido a su padre, alto, de pelo castaño y ojos azules. A Ingundia, una jovencita aparentemente ingenua y cándida, la deslumbró. Él se sintió profundamente conmovido por la frágil belleza de Ingundia. A pesar de que no me caía bien, debo reconocer que era una joven preciosa, muy parecida a su madre, mi hija Brunequilda, con su largo cabello rubio, sus ojos oscuros, pequeña y delgada. Talvez demasiado delgada. Eso la hacía parecer muy frágil.

Tan pequeñita y bella, cautivó a toda la corte de Toledo. El único problema era su negativa a abandonar su religión. Yo misma traté, inútilmente, de convencerla del error en que estaba al profesar el catolicismo. De hecho, la obligué a bautizarse en la fe arriana. Pero, su conversión era sólo en apariencia y se notaba que seguía fiel a su antigua creencia. Su obstinación, insólita en alguien tan joven, terminó acabando con mi paciencia. Sé que fui muy dura con ella. Pero es que para mí, el catolicismo es algo intolerable. No sólo es irracional pensar que Jesús sea tan Dios como su Padre, algo que carece de toda lógica; además no puedo dejar de recordar que fue un católico quien mató a mi otra hija.

La situación se hizo insoportable; cada vez que nos veíamos, Ingundia y yo terminábamos discutiendo y como yo soy más enérgica, ante los demás parecía que yo la maltrataba. Mi hijastro empezó a mirarme con odio y hasta mi esposo me reprochaba la forma en que trataba a la niña. Pero no podía evitarlo, ¡me sacaba de quicio su actitud desafiante disfrazada de piedad cristiana! A pesar de ello, Hermenegildo estaba loco por ella y sufría con la situación. Un día, entró furioso en mis aposentos, me gritó e insultó, furioso por la forma en que yo trataba a la joven. Incluso me culpó de que por mi culpa, ella no se había embarazado aún, porque estaba nerviosa y deprimida. Me dijo que si ella no le daba hijos, Leovigildo me dejaría, en castigo por dejarlo sin nietos. Por eso, su padre decidió enviarlos al sur, lejos de mí.

En Sevilla, Ingundia y Hermenegildo fueron felices, según lo que me cuentan. Dicen que se los veía frecuentemente pasear juntos de la mano por la ribera del Guadalquivir. Además, finalmente, la joven princesa quedó embarazada y tuvo un niño, al que llamaron Atanagildo, como su bisabuelo.

Pero, nuevamente, mi esposo se equivocó: su objetivo era afianzar su dominio en la Bética, zona donde contaba con muchos enemigos. Por eso envió a su hijo a ese lugar. Sin embargo, Sevilla no sólo sería el lugar donde Hermenegildo e Ingundia pudieron ser felices, sin las presiones de esta abuela arriana. También fue el lugar donde ese niño rebelde traicionó a su padre de la forma más vil.

Hermenegildo, lejos de la influencia de su padre, fue convencido por su tío, el obispo Leandro y por esa niña intrigante, a recibir un bautizo católico, olvidando su nombre godo y haciéndose llamar Juan. Debo reconocer que Ingundia era más hábil de lo que yo pensaba. Al principio, creí que era una niñita ingenua. Después, descubrí su porfía y obstinación. Pero en Sevilla, cuando su marido se vio lejos de la influencia de hombres sensatos como su padre o su hermano, ella pudo manipularlo a su antojo y para ello contó con la ayuda del detestable obispo de Sevilla.

Esta noticia nos dio un disgusto terrible, ya que el ideal de mi Leovigildo, que yo compartía, suponía una unificación de nuestro reino bajo la fe arriana. Sin embargo, lo peor estaba por venir: aprovechándose de que su padre luchaba contra los rebeldes del norte, el traidor de Hermenegildo decidió romper la unidad por la que su padre tanto se había esforzado, declarándose rey de la Bética en el 579, estableciendo su corte en Sevilla, imitando el boato del que se rodeó su padre, para afianzar su poder.

Como la Bética está llena de romanos, éstos obviamente apoyaron al advenedizo. También lo hicieron los bizantinos y los francos. Nuestro disgusto aumentó: a Hermenegildo no le bastó con bautizarse católico y romper la unidad de nuestro reino; además buscó el apoyo de nuestros enemigos. No me extraña que su pobre padre haya muerto poco después de estos sucesos.

Leovigildo tuvo que enfrentarse a su propio hijo, usando a su hermano Recaredo como mediador. El traidor fue apresado y exiliado en Valencia. Inútilmente, su padre lo exhortó a retractarse de sus actos y volver al arrianismo. Como se negó a hacerlo, finalmente mi pobre esposo perdió la paciencia y le dimos al traidor el castigo que se merecía: fue ejecutado por un verdugo.

En cuanto a Ingundia, no sabemos bien qué pasó con ella. Huyó con su pequeño hijo, al que tuvo la osadía de llamar Atanagildo, hacia el sur, pidiendo ayuda a los griegos, a pesar de que Leovigildo trató de evitarlo. Dicen que murió mientras viajaba a Constantinopla y que el niño quedó como rehén de los bizantinos. Eso es lo que se rumorea, aunque no lo sabemos con certeza.

Mi hija Brunequilda junto a su marido e hijo, desde Austrasia enviaron emisarios a Constantinopla, buscando al pobre niño. Pero todo ha sido en vano, no sabemos dónde está. Me da pena, porque a pesar de que sus padres no fuesen santos de mi devoción, no puedo olvidar que es mi bisnieto. Además, temo que se haya convertido en esclavo. Y esa idea es humillante: que un príncipe visigodo, descendiente de reyes de Francia e Hispania, sea siervo de los griegos.

¡Alguien de mi estirpe convertido en esclavo! La idea es demasiado horrorosa. Prefiero no imaginármelo y pensar que el niño murió. Pobre, él no tuvo la culpa de tener unos padres tan estúpidos. Porque lo que ocurrió con sus padres fue algo que ellos, con su actitud obstinada y su ambición, provocaron. Hermenegildo fue la persona más malagradecida que he conocido en mi vida. Traicionar de ese modo a su padre, poniendo en peligro la unidad de su reino. Con su ambición, estuvo a punto de arruinar el proyecto de Leovigildo.

Me da mucha rabia recordar esa época. Algunos se escandalizaron mucho cuando supieron que Hermenegildo era condenado a muerte por su propio padre. Temo que los católicos algún día lo consideren un mártir y consideren a Leovigildo un villano por ordenar la ejecución de su hijo. La verdad, es que el verdugo que entró en la celda y asesinó a mi hijastro no fue enviado por su padre ni por su hermano: yo lo envié. Leovigildo amaba a su hijo y jamás habría podido dar esa orden.

Contacté a Sisberto, a través de mis sirvientes. Era hijo de campesinos, muy pobre y aficionado a la bebida. Les exigí buscar a alguien que fuera godo, arriano, que estuviese dispuesto a todo por unos cuantos solidus y que no fuera muy inteligente. Este hombre ya había tenido algunos problemas y había sido encerrado un par de veces. Era un hombre tranquilo en apariencia, pero muy vicioso. Robaba para poder comprar vino y cuando se emborrachaba, se transformaba en un hombre muy violento.

Jamás hablé directamente con él. Siempre a través de amigos de mis sirvientes. No era bueno que a la reina de Hispania ni a nadie de su círculo se le viera con el asesino de su hijastro. Me aseguré además de que este hombre supiera cómo funcionaba el sistema de guardias de la prisión donde estaba Hermenegildo en Tarragona. Así, él burló a los vigías y cumplió mis órdenes.

Leovigildo no se enteró hasta que el hecho ya estuvo consumado. Cuando Hermenegildo fue apresado, su padre no sabía qué hacer con él. Sabía que su hijo merecía la muerte, porque ése es el castigo de los traidores. Pero, no podía dar la orden. Tan agobiado estaba, que le dije que no se preocupara, que yo me encargaría de todo. Él jamás supo la identidad del verdugo y fue mejor así.

Después de este doloroso episodio, nada fue igual para nosotros. Mi pobre Leovigildo parecía cada día más triste y desganado. A pesar de eso, insistió siempre en su proyecto de una Hispania visigoda, unida en una única fe. Como el arrianismo parecía ser tan impopular entre una mayoría católica, mi esposo tomó una decisión que a mí no me gustó nada: intentó fusionar ambas creencias, tratando de que así todos, hispanos y godos, creyéramos en lo mismo. Afortunadamente, esta idea no prosperó, porque además de descontento, trajo gran confusión en toda la población.

Finalmente sólo un año después de la ejecución de su hijo, mi pobre Leovigildo murió. Fue entonces cuando mi hijo Recaredo, en su calidad de asociado al trono, fue coronado rey. Me sentí muy orgullosa de convertirme en la madre del soberano de Hispania. Una de las primeras medidas que él tomo fue buscar al verdugo de su hermano y ejecutarlo. No sabe quién le dio la orden y jamás lo sabrá, porque he silenciado a todos los testigos. En el fondo, Recaredo sabe que la actitud de su hermano es el verdadero verdugo. Pero era mejor acabar con el autor material.

Demasiado pronto, mi orgullo se convirtió en un disgusto horrible, del que aún no me recupero, al enterarme de que mi hijo imitó la locura de su hermano, convirtiéndose al catolicismo. Y no contento con eso, ha decidido dar una unidad religiosa a su reino, al igual que su padre, pero bajo la fe de Roma.

Mi hijo convocó a un Concilio en Toledo a todos los obispos de Hispania y Galia. Allí condenará el arrianismo, llamándolo herejía y demostrará públicamente su adhesión a la fe católica. Recaredo leerá su profesión de fe, frente a los eclesiásticos y la nobleza, destacando la creencia en ese absurdo de la Trinidad. Luego, los presentes harán lo mismo, firmando un horrible documento al que han llamado “Los 23 Anatemas contra la Herejía Arriana”. Lloro al imaginar ese episodio, porque para mí es muy duro que mi adorado hijo llame herejía a mi religión.

En cuanto al pueblo que profesaba el arrianismo, no le exigirá un nuevo bautismo, pero sí confirmarse como católicos. A los clérigos arrianos sí les puso mayores imposiciones, como ordenarse nuevamente y practicar el celibato. Así, nuestra fides gótica va quedando en el olvido. He sido obligada a abjurar públicamente de ella, a comulgar según el rito ortodoxo y a fingir que creo en Jesucristo como un Dios igual a su Padre. ¡Qué cosa tan absurda! ¿Cómo un ser que es creado por otro puede ser igual en naturaleza a su creador? ¿Cómo esta gente puede ser tan ingenua? ¿Acaso no analizan la locura en la que creen?

Afortunadamente, no todos están de acuerdo con Recaredo. Además de mi círculo de amigos más íntimos, quienes comparten mi devoción por el arrianismo, como mi fiel obispo Uldila, mi hijo se ha encontrado con otros opositores en la Septimania y en Emérita. Sin embargo, somos una minoría. Porque los visigodos siempre hemos sido menos que los hispano romanos y finalmente es su fe la que ha triunfado.

Pero hemos sido obligados a abjurar del arrianismo y a profesar el catolicismo. Ya no aguanto más esta farsa. Soy una persona mayor y ya he vivido mucho, he afrontado con valentía la muerte de mis dos maridos y he enterrado a una de mis hijas. No quiero presenciar ahora cómo mi fe, la religión de mis padres, de mis abuelos y de los dos amores de mi vida, muere. Por eso, no quiero seguir viviendo. No quiero estar presente en el concilio que va a celebrarse esta primavera en Toledo. Es algo demasiado duro.

Siento que he perdido todo mi poder. Siempre fui escuchada y respetada en la corte. Primero con Atanagildo, luego por su círculo cuando éste murió y después aconsejé a Leovigildo en cada una de sus decisiones. Cuando éste murió, Recaredo, mi hijastro, que siempre me ha considerado como una madre para él, también me consultaba. De hecho, gracias a mí ahora tenemos buenas relaciones con los francos. Nunca he simpatizado con el catolicismo, pero jamás pensé que éste me arrebataría todo mi poder. Cuando Hermenegildo fue derrotado y ejecutado, pensé que la influencia del rito romano moriría con él. Pero, es la fides gótica la que muere y yo no estoy dispuesta a sobrevivirla.

Tengo miedo, porque me persiguen. Han descubierto que mi conversión no es sincera. ¿Cómo podría serlo? Junto a otros amigos como Uldila, aparentamos una ferviente conversión al catolicismo, junto a toda la corte de Recaredo. Pero, en privado, hemos continuado nuestros antiguos ritos y, para manifestar nuestro descontento, hemos profanado las hostias consagradas en el rito católico y algunos de sus templos. Lo hacíamos para desahogar nuestra rabia y también para divertirnos. Nos reíamos al imaginar cómo se escandalizarían los católicos si nos vieran.

Pero, nos han descubierto. Al parecer, alguien nos traicionó y nos delató ante el obispo de Toledo. Alguien muy listo, sin duda, ya que, sabiendo lo mucho que me estima el rey, ha preferido acudir a quien me odia, para asegurarse de que sea castigada. Mi fiel obispo Uldila ha sido desterrado. No sé que piensan hacer conmigo. He huido de Toledo, estoy lejos de la corte, pero no sé adónde ir. En todas partes tengo enemigos. No puedo ir al sur, porque los griegos me odian por ser arriana y visigoda. Más me odian los romanos de la Bética. Ni qué decir de los rebeldes del norte. Y en Francia, donde mi nieto es el rey, no soy bien recibida. Ese niño me culpa a mí de la desgracia de su hermana. Y en Italia, mis primos godos cayeron en desgracia. Su reino ha caído y ahora griegos y lombardos se disputan la península.

No tengo adónde ir. He perdido el favor de mi familia, el respeto de mi pueblo y todos mis amigos son perseguidos como yo. Me niego a rendirme o someterme. No es algo digno de una mujer como yo. Por eso, he decidido acabar con mi vida. Sé que el cristianismo condena lo que voy a hacer, pero no tengo otra opción. Ahora entiendo a los paganos que lo hacían, cuando perdían el apoyo de su emperador.

domingo, abril 22, 2007

Bowling for Virginia

Esta semana, a pesar de que mi caecita anduvo llena de pajaritos, construyendo castillos en el aire para el futuro, no pude dejar de asombrarse por el horroroso episodio que ocurrió en Virginia. No es primera vez que escuchamos algo parecido desde Estados Unidos. Creo que todos recordamos lo ocurrido en la secundaria de Columbine en 1999.
Son episodios similares, porque en ambos, los protagonistas de la horrorosa masacre fueron estudiantes que se sentían rechazados por sus compañeros. No quiero caer en una interpretación roussoniana de lo ocurrido y culpar a la sociedad corrupta de que estos pobres jóvenes hayan caído en la psicosis. Más aún, porque eso es lo que ellos quieren que pensemos. Porque muchos, alguna vez en la vida nos hemos sentido discriminados y no por eso agarramos una metralleta y disparamos contra esos crueles compañeros que nos hacían la vida imposible, como el protagonista del videoclip de Jeremy, de Pearl Jam.
Está claro que la discriminación y el rechazo puede minar la psiquis de cualquiera. A mí, como adolescente, me tocó vivirlo en carne propia y también presenciarlo de cerca. Y como profesora, pude darme cuenta de cómo pueden sufrir los alumnos con ello, repercutiendo no sólo en su estado de ánimo y su autoestima: también en su rendimiento académico y su salud física, además de mental. El rechazo y la discriminación es, por lo tanto, un tema que me preocupa como persona, como profesional y como mujer, porque algún día me gustaría tener hijos y no quisiera que ellos sufriesen aquello.
Porque para mí, en estos casos de violencia extrema producida por estudiantes, el tema principal no es la posesión de armas. Aunque, estoy de acuerdo con que ese asunto debe controlarse y no cualquiera puede portar armas, ya que como dice el dicho, a éstas las carga el diablo. Para mí, en el fondo de la cuestión está cómo, el rechazo, la actitud burlesca o despectiva hacia una persona puede minar su estabilidad mental de esa forma.
Eso es lo que me preocupa. porque creo que el maltrato, en todas sus formas, nos afecta mentalmente. Afortunadamente, no todos caemos en lo que los niños del Columbine o el estudiante de Virginia Tech, sino que generalmente, caemos en manifestaciones más "suaves", como depresión, baja autoestima, malgenio, estrés, etc. Digo afortunadamente, no porque considere que no sean graves, a mí me parecen gravísimas y dignas de observación, tratamiento y ayuda, pero obviamente no tienen la magnitud de los acontecimientos que hemos presenciado.
Lo que más me preocupa es que todos, de alguna forma, así como hemos sido maltratados, hemos maltratado o hemos sido cómplices del maltrato. Y creo que casos como éste nos hacen reflexionar en lo mal que estamos cuando molestamos frecuentemente al nerd del curso o nos reímos cuando los "choritos" lo hacen.
Me llama también la atención de que casos como éstos abunden en Estados Unidos. En eso se inspiró Michael Moore cuando hizo su documental "Bowling for Columbine", centrándose en el tema de la posesión de armas y lo fácil que es adquirir una en su país. Sin embargo, él se da cuenta de que en otros países, como Canadá, hay mayor posesión de armas entre la población civil y esto no ocurre. ¿Qué pasa entonces? Cuando ví ese documental, me pareció que estaba incompleto, porque me habría gustado más investigación psicológica y menos crítica social contra las autoridades.
Sí me llamó la atención su exposición sobre las familias disfuncionales y la incidencia de éstas en las expresiones de violencia. Pero, creo que debió indagar más en el rechazo escolar, la discriminación, lo encasilladora que es la sociedad norteamericana, con sus grupitos de los "nerds", los populares, los deportistas y las porristas. Algo que vemos constantemente reflejado en sus películas y series. Una situación que nos refleja lo superficial que puede llegar a ser alguna gente. Nadie ha pensado aún en la denuncia implícita que nos hacen los cinestas y directores de su realidad con esas series.
Creo, que en ese estilo de vida puede estar la respuesta a los problemas que les aquejan. Pero insisto: no justifico al estudiante surcoreano, como una especie de kamikaze contra la discriminación y la superficialidad, sino como un ejemplo de lo que ese ambiente, combinado con un desequilibrio mental puede provocar.

sábado, abril 21, 2007

Bieenvenida Realidad

Esta semana pasó algo que me ha tenido con la cabeza llena de pajaritos, imaginando que se cumplen todas las fantasías que tengo desde los 19 años. No puedo dejar de pensar que el final de mi viaje significará el inicio de esa temida etapa que es la adultez. Pero, aunque mi síndrome de Peter Pan hace que me resista a crecer, muchas de mis fantasías están necesariamente relacionadas con el pasar a esa etapa.
Recuerdo que cuando escribí sobre la nostalgia, Marilú explicó que ella no sólo siente nostalgia del pasado; también del futuro. Ella se excusó diciendo que aquello podía sonar rarísimo. Pero, no para mí. No puedo evitar soñar con un futuro precioso, en el que me veo súper realizada como persona y como mujer. Creo que no necesito dar detalles, ya se imaginarán de qué hablo.
No tengo apuro por vivir ese momento, pero sí muchas ganas de que cuando ese momento llegue, sea cuando deba llegar, ni antes ni después. Porque creo que una adultez prematura, así como una muy retardada, es pésimo. Me da miedo hacerme demasiadas expectativas. Por eso, cuando me enfrento a algún cambio, trato de no pensar mucho en cómo será. Y hasta el momento, me ha dado resultados.
Creo que estoy hecha un mar de contradicciones. Por un lado, he pregonado constantemente el disfrutar de la juventud y el postergar lo más posible el casarse, tener hijos y entregarse por completo a la vida adulta. Pero, por otro lado, me pasa que estoy tan enamorada que siento que ese momento se me acerca a pasos agigantados. Y ya no me da miedo. Creo que mi "reloj biológico" se está activando. porque cada vez que veo guaguas, me imagino lo lindo que debe ser tener una. Claro que cuando veo adolescentes, las ganas se me quitan, jiji. Pero, bueno, todo a su tiempo. Espero que cuando me llegue el momento, esté preparada para pasar por todas esas etapas, aunque sé que en la maternidad, así como en la vida "se hace camino al andar".

viernes, abril 20, 2007

¿Qué es el amor?

Hace poco, un amigo me hizo la siguiente pregunta: define en una sola frase qué es el amor. Mi amigo es muy joven, sólo tiene 19 años y bastante poca experiencia en esas cuestiones. Me pilló de sorpresa y al principio no supe responderle. Finalmente, le dije que el amor es lo mejor que puede pasarte si eres correspondido, y lo peor si es que no. Al parecer, mi respuesta le satisfizo.
Sin embargo, no he podido dejar de pensar en ello, a mí mi respuesta no me conformó. Porque el amor es mucho más que eso. cuando me lo preguntó, estuve tentada a darle una respuesta muy del romanticismo y decirle que el amor es todo. Pero esas definiciones tan radicales no me gustan, porque son extremadamente abstractas. Y el amor no me parece que sea algo tan abstracto. Porque es algo que sentimos. Cuando nos sentimos enamorados, todo nuestro cuerpo y nuestra mente experimentan esa sensación.
Y no estoy hablando sólo de las mariposas en el estómago. Porque ése es sólo un síntoma, que tiene más que ver con la atracción. Yo he sentido las mariposas muchas veces, porque muchas veces me he sentido atraída hacia alguien. En mis 26 años, me han gustado muchos. Pero, pocas veces me he enamorado.
Creo que alguna vez expliqué qué es lo que a mí me hace darme cuenta de que estoy enamorada. Es algo que tiene que ver con querer a la persona tal cual es, el disfrutar con ella de los pequeños detalles, etc. Es querer pasar con ella el resto de mi vida, pase lo que pase. Pero esa vez, cuando hablé de la nostalgia, lo expliqué mucho mejor. Sin embargo, cuando mi amigo me lo preguntó, no fui capaz de decírselo, porque él me proponía decirlo en una frase y yo había ocupado al menos cinco líneas en describirlo. Por eso, preferí usar una frase más "publicitaria". Es que me cuesta mucho hacer definiciones cortas.

domingo, abril 15, 2007

Ireland











Estuve cinco días en la isla verde. Un lugar que me sorprendió gratamente. Olvídense de la imagen de pobreza e incultura que nos muestran las películas. Esa Irlanda ya no existe. La Irlanda de hoy es un país próspero, desde que ingresaron a la Unión Europea. A diferencia de otros países europeos, que no quieren más inmigrantes, Irlanda los necesita, porque requieren de mano de obra para sus obras públicas. Además, están fomentando el turismo, ya que tiene mucho potencial.

Dublín y Galway son dos ciudades preciosas, arquitectónicamente parecidas a los irish pub. También tienen casitas con puertas georgianas, como las londinenses. Precioso. Y la gente es muy simpática, físicamente no son muy agraciados (tienen cara de gnomo) y muy borrachines (de hecho, lo reconocen), pero encantadores. Gente muy amable, y aunque no siempre se les entiende (su acento es más difícil de entender que el británico), se esfuerzan por que les entiendas.



La fama de isla verde es absolutamente merecida. Los paisajes de Irlanda son espectaculares. Todo muy verde, kilómetros de praderas. Realmente precioso. Tara, la colina sagrada de los celtas, no es más que una lomita, para nosotros que somos andinos. Pero desde ahí, los reyes celtas controlaban toda la isla. La cultura celta todavía es importante en Irlanda. De hecho, en la zona rural aún se conserva el gaelico. Dublín está más influída por Inglaterra. De heco, sus catedrales e iglesias históricas más importantes, como San Patricio, son anglicanas. Recordemos que recién en 1916 se gestó su independencia, un proceso muy duro y sangriento. Todavía se siente el resentimiento hacia ellos. En cambio, aman a Estados Unidos, país que acogió a muchos irlandeses que huyeron de la pobreza.

La personalidad del irlandés es más parecida a la del gringo que a la del inglés. Culturalmente, Estados Unidos le debe mucho a Irlanda. Y ésta le debe mucho también al tío Sam. Muchas ideas de la independencia se gestaron en Estados Unidos y económicamente, las remesas que enviaron por décadas los inmigrantes, fueron de gran ayuda. Hoy, Irlanda vive un proceso inverso: ya no es el país que exporta personas en busca de riqueza; hoy fomenta que venga gente a su país, porque necesitan mano de obras. Un llamado que los filipinos y europeos del este han contestado.


viernes, abril 06, 2007

U2

Como me voy a Irlanda, la tierra de uno de mis grupos favoritos, aquí va un compendio de citas de algunas de sus canciones:

"Who's to say where the wind will take you
Who's to say what it is will break you
I don't know wich way the wind will blow
Who's to know when the time has come around
Don't wanna see you crying
I know this is not goodbye."
(Kite)



"Don't believe what you hear
Don't believe what you see
If you just close your eyes
You can feel the enemy"
(Acrobat)

"You say
Love is a temple
Love is the higher law
You ask me to enter
But then you make me crawl
And I can't be holding on
To what you got
When all you got is hurt"
(One)

"I remember
When we could sleep on stones
Now we lie together
In whispers and moans
When I was all messed up
And I had opera in my head
Your love was a light bulb
Hanging over my bed"
(Ultraviolet)

"It looks like sun
But it feels like rain"
(do you feel love)

"Whith or whitout you
I can't live
whith or without you"
(Whith or whith out you)

"All the promeses we break
from the craddle to the grave
when all I want is you"
(All I want is you)

"I have climbed highest mountain
I have run through the fields
Only to be with you
I have runI have crawled
I have scaled these city walls
Only to be with you
But I still havent found what
Im looking for"

miércoles, abril 04, 2007

Semana Santa


Siempre me pasa lo mismo en esta fecha. Empiezo a cuestionarme acerca de mi fe y porque hace ya siete años me declaré cristiana y ya no católica. Hubo un momento en que me dí cuenta que creo en Dios, pero no me interesan todos esos intrincados dogmas con los que la Iglesia adorna nuestra fe. No es que los desprecie, ni que mi razón se niegue a aceptarlos porque no los comprende. En un principio fue eso, pero ya no. Porque hace un tiempo ya descubrí que esas son cuestiones de fe, que nos vienen de arriba y que se sienten en el corazón, no en la cabeza. Y yo, en mi corazón, creo en Dios, creo en el sacrificio de Cristo y creo en las grandes ayudas que nos brinda el Espíritu Santo, la Virgen, los santos y, por supuesto, mi ángel de la guarda. Pero todas esas creencias, de si la Virgen es virgen, si Jesús resucitó o no, si la hostia consagrada es realmente el Cuerpo de Cristo; la verdad no me importan mucho. Porque no influyen mucho en mi fe. Creo en eso. Punto.

En cuanto a las manifestaciones externas, la misa, la comunión y confesión, a mí no me llenan. La misa me aburre profundamente. La comunión hace mucho tiempo que dejó de emocionarme y a la confesión no le encuentro ningún sentido. Cre en el perdón y el arrepentimiento, pero no veo la necesidad de un intermediario entre Dios y yo, que deba conocer, con lujo de detalles, cada una de mis fechorías.

A lo mejor, quienes lean esto, se escandalizarán. No me importa. Hace tiempo que dejó de importarme lo que piense el resto, y los que me conocen saben que sus intentos de evangelizarme son en vano. Porque, como dije antes, la fe se siente en el corazón y sólo en su interior puede producirse un cambio. A veces voy a misa, pero no me gusta, me aburro. Me llena mucho más rezar, sola en mi casa, para dar gracias o pedir ayuda.

Una de las asignaturas que tomé este semestre es filosofía medieval. Me llama mucho la atención como algunos autores, como San Anselmo, intentan demostrar racionalmente la existencia de Dios. Mientras escuchaba en clases la exposición de la profesora sobre el tema, se me ocurrió lo siguiente:

No necesito pruebas racionales de la existencia de Dios. Porque sé que el hombre no es sólo razón. También es sentimiento. Y yo a Dios lo siento, no lo veo ni lo percibo racionalmente. Yo siento que Dios existe. Lo siento dentro de mí, en cada paso que doy, siento una fuerza que me impulsa a seguir adelante. Alguien que me cuida en cada paso que doy. Y no necesito de manifestaciones externas para comunicarme con él.

Mi sentimientos hacia Él son tan íntimos, que así también es mi relación con Él. La confesión no me parece necesaria. El acto de contricción lo hago en mi interior y ante Dios me confieso directamente. Sin necesidad de intermediarios.

Talvez por mis ideas arda eternamente en el Purgatorio, no lo sé. Como ven, esta ermitaña confiesa que es hereje. Por suerte, lo es en una época en que los herejes ya no son perseguidos. Antes me sentía culpable de pensar así. Ya no, porque creo en la misericordia y en la Divina Providencia. Creo en la intercesión de los santos y en el poder de la oración. Me da lo mismo si la Virgen María es virgen o no. Para mí ella es un ejemplo y lo seguiría siendo. No me importa si Jesús se casó o no. Su sacrificio no se hace menos valioso por ello.

Talvez esta confesión les parezca un escandaloso mar de contradicciones. Pero les aseguro que es sincera. No me interesa molestar a nadie y espero no herir a ningún católico ferviente por ello. Quizás en diez años más me ría de haber pensado así y sea un modelo de católica. No lo sé. ¿Cómo saberlo? Sólo Dios lo sabe.

viernes, marzo 30, 2007

Seis Meses






Ya superé la nostalgia que me tuvo prisionera durante todo el mes de marzo. Un mal que combatí tratando de tener el menor tiempo libre posible, para no enrrollarme con "pajas mentales". Y me funcionó, ya parece tema superado. Sobre todo porque entre medio, violé mi promesa de no pensar y se me ocurrió hacer una instrospección, para analizar las causas de mi nostalgia (porque yo soy cero tristona, en general soy alegre, aunque sarcástica, irónica y mal genio) y llegué a la feliz conclusión de que todo había sido circunstancial.
Me sentía así porque decidí no dejar este país hasta haber cerrado completamente el ciclo: es decir, no volver hasta que tenga mi título en la mano. Lo que significó un cambio de planes, ya que pensaba quedarme hasta julio y ahora me quedo hasta octubre. Y también significó empezar a hacer la tesis desde ya, porque si antes pensaba hacerla a distancia, ahora la haré aquí. Eso me hizo disminuir mi tiempo libre y hacer que me desvelara un par de noches, al no poder definir bien cuál es mi tema. De a poco, a medida que voy investigando y leyendo, mi tema va apareciendo, es como que se estuviera gestando y yo no fuera la única implicada en ello, como que va revelándose de a poco. A ver qué sale, ojalá sea bonito y de ahí les cuento.
Lo que me tenía también muy nerviosa era que mi niño se estaba titulando y yo no estaba ahí para acompañarlo. Por suerte, salió todo bien. Después, él estuvo de cumpleaños. Tengo unas ganas locas de verlo y trato de no pensar en todo el tiempo que falta para eso. Mientras tanto, el Internet y el Skype son nuestros mejores amigos.
Por último, descubrí que había otra variable que no había tomado en cuenta hasta entonces; la crisis de los seis meses. Llevo seis meses en este país. Aunque, tuve mi escapadita navideña, que me hizo andar con una sonrisa de oreja a oreja un mes entero, igual se echa de menos estar allá. A pesar de que las últimas noticias me pintan mi ciudad como un caos insufrible, allá está lo que más quiero, a pesar de que Santiago sea fea (tiene zonas bonitas, pero es fea, hay que decirlo), contaminada, gigante y caótica. Ahí vive la gente que más quiero en el mundo y ahí he vivido casi toda mi vida, por eso la quiero.
Lo de la crisis de los seis meses es algo que a todos los inmigrantes nos pasa. Dicen que el asunto viene por ciclos: un primer mes durísimo, los tres meses vienen con una primera crisis (que yo, por mi viajecito a Chile no tuve), después a los seis meses y así. Cuando supe eso, me relajé, porque caché que el asunto se me iba a pasar solo. Y, como gracias a Dios no soy depresiva, decidí no hacerme mucho caso y mantenerme ocupada.
¿Y les confieso algo? Este mes lo pasé increíble.

domingo, marzo 18, 2007

El Velo Pintado



Ayer fui a ver esta película al cine. Protagonizada por Edward Norton y Naomi Watts, nos muestra la historia de esta mujer inglesa que se casa sin estar enamorada con un bacteriólogo que trabaja en Shangai, que a pesar de que la ama locamente, es incapaz de demostrarlo. Me hizo sufrir mucho este amor tácito que tiene él por ella, llevándolo a tener actitudes incomprensibles, como perdonarle su descarada infidelidad, a cambio de llevársela a un poblado rural, infestado de cólera. Todo esto ambientado en la China de 1925, época de las revueltas nacionalistas, que manifestaban violentamente su descontento por cualquier extranjero en su país.

La actitud de él nos lleva a odiarlo en un momento. Creemos que sólo siente desprecio por su mujer, que la encuentra tonta o inútil. Pero en realidad el pobre no es más que un reprimido, que trata de ser "el hombre perfecto", correcto y educado, intentando hacerla feliz con regalitos, pero sin la pasión que ella necesita. Por eso ella lo engaña con el galancete inglés de Shangai y cuando su marido lo descubre, le hace saber que se irán de la ciudad. Ni un grito ni palabra de reproche. Yo ahí me empecé a desesperar. Me parecía imposible tanta represión, tanta indiferencia. Uno llega a pensar que por las venas de ese hombre no corre sangre.

A medida que la película va desarrollándose, vemos que el pobre hombre se refugia en su trabajo, que no es nada agradable, porque por muy bonito y altruista que nos parezca intentar salvar a una aldea que se muere de cólera y no entiende una palabra de lo que dices, la realidad es muy distinta. Yo ahí empecé a sentir admiración por él. Porque sería incapaz de hacer algo así.

Es raro lo que puede hacer la gente por amor. Y esta película es un gran ejemplo de ello.

Sin Palabras


Hace tiempo que no posteaba. Y no por falta de tiempo, ya que siempre encuentro algún minutito para escribir unas líneas. Pero es que no tengo nada qué decir. Es así de simple. Después de mi columna sobre la nostalgia sentí que había expresado tan bien todo lo que estoy sintiendo y todo lo que me está pasando, que me fue imposible escribir otra cosa. Porque durante semanas he estado un poco sumida en la nostalgia (¿será la crisis de los seis meses?) y me parecía injusto para los que me leen seguir pegada en ese tema y malo para mí, encerrarme en ella. Por eso, he optado por mantenerme lo más ocupada posible, saliendo, estudiando, haciendo planes, etc. Cosa de llegar cansada en la noche y dormir plácidamente. Y durante el día, vivir la filosofía del Carpe Diem al máximo.

Lo he pasado muy bien en estos meses en Pamplona, realmente he aprendido mucho, he conocido mucho y he conocido gente espectacular. Han sido seis meses muy buenos. Y cuando tuve la oportunidad de volver a mi casa para Navidad, fue precioso. Porque me dí cuenta de que todo seguía como si jamás me hubiese ido. Y fue rico, muy rico. Saber que los que quieres siguen muy bien con su vida allá, pero no te olvidan. Y yo tampoco los olvido. Los llevo siempre presente.



miércoles, marzo 07, 2007

Nostalgia

Una vez leí que la nostalgia era el "dolor del retorno". Siempre me ha parecido que "nostalgia" es una palabra muy bonita. Mucho más expresiva y poética que "echar de menos". En este vocablo viene implícita una carga emocional muy fuerte. Para mí, la nostalgia está muy relacionada con el amor. Porque sólo de lo que amas, o de lo que amaste, puedes sentir nostalgia.
Es así como ahora yo siento nostalgia por mi país, mi familia y sobre todo, por él. Pero no lloro cuando lo pienso. Ya no. Porque la nostalgia se presenta hoy como algo positivo. Al sentir nostalgia por todo lo que dejé atrás al venir aquí, me doy cuenta de las cosas maravillosas que me esperan a mi regreso. Y eso me da más fuerzas para continuar esta aventura.
Si la nostalgia es el dolor del retorno o del recuerdo, es un dolor que asumo con alegría, porque esos recuerdos son preciosos. Los recuerdos de 23 años vividos en Santiago de Chile. Allá están todas mis historias familiares, las bonitas, las alegres, las tristes y las tensas. Mis ocho años de pololeo, la historia de "un amor a prueba de todo", como me dijeron una vez. Mis 14 años en el Colegio, donde muchas veces quise mandarlos a todos a la mierda, donde a veces creí que la mitad de lo que me enseñaron no me serviría para nada, pero donde también conocí a gente que me acompaña hasta hoy. También están allá mis seis años de Universidad. Época de mucho aprendizaje y formación académica. Años de amistades forjadas allí que pensé que serían eternas. La vida se ha encargado una y otra vez de demostrarme que nada es eterno.
Dejé allá también ese fatídico 2002. Cuando creí que el mundo se me venía encima, cuando el piso me tembló y me ví indefensa e impotente ante todo lo que ocurría frente a mis ojos. Cuando deambulé por un desierto entre tinieblas. En medio de toda esa oscuridad hubo una luz que nunca se apagó y que me guió hasta el final del camino. Hubo veces que sólo era un puntito brillante diminuto en medio de la oscuridad y creí perderla. Pero jamás se apagó. Una luz que hoy brilla con más fuerza, a pesar de las distancias.
Aunque dejé mi ciudad, escenario de todas estas vivencias, las historias continúan. Sobre todo mi historia favorita, esa que se inició un 26 de marzo de 1999. Un encuentro casual, una conversación agradable, unas miradas amistosas, pero sólo fue una noche más. Luego, unas llamadas por teléfono, más encuentros casuales y un 10 de abril, una invitación. Un par de salidas, unas miradas, unas indirectas muy directas y la incertidumbre. Esa que te hace andar nerviosa, cuando esperas ansiosa junto al teléfono, cuando te cambias ocho veces de ropa buscando verte linda, pero no demasiado arreglada. La idea era mostrar cierto interés, sin ser demasiado obvia. Hasta aquél 2 de mayo. Una noche de risas y baile. Después, una declaración de amor eterno y el primer beso.
Una historia que hoy sigue vigente. A pesar de mil problemas, a pesar del tiempo y la distancia, de peleas, indecisiones, viajes, proyectos frustrados y muertes de seres queridos. Un amor a prueba de todo. Porque a pesar de los altibajos, el balance siempre ha sido positivo. Porque me siento orgullosa de él, de sus logros y me río con sus tonteras. Porque acepto que es un ser humano como cualquier otro y no lo contemplo celebrándole todo lo que hace.
Una vez escuché que "Amar significa no tener que pedir perdón". Estoy en absoluto desacuerdo. Un amor de pareja entre dos seres perfectos sería un absurdo. Es necesario equivocarse y que el de al lado nos lo diga. Eso hace que seamos mejores personas. Pedir perdón a quien amas es la mejor forma de aprender. Y haciéndole ver a quien amamos que se equivocó, teniendo él que pedir perdón, lo ayuda a crecer como persona. Creo que uno NO debe aguantarle todo a su pareja. Pero tampoco creo que debemos sobrecargarlos de exigencias de perfección. ¿Hasta cuándo las actitudes contemplativas? ¿Hasta cuándo las exigencias de perfección a la pareja? No me interesa tener un hombre perfecto. Me moriría de la lata y además, si me exige que sea perfecta, lo mando a la mierda.
Pero, volviendo al tema de la nostalgia, creo que el dolor que implican mis recuerdos es por mis ganas de revivir los que son felices y más queridos, o por estar allí, en el lugar de los hechos y sus protagonistas. Eso me hace echar de menos a mi país. Pero sobre todo, mi nostalgia mayor es por él, que me ha acompañado durante estos ocho años, a pesar de todo y que siempre ha sido como una luz que está siempre presente.

miércoles, febrero 28, 2007

L'Ultimo Bacio y "El Síndrome de Peter Pan"



Hoy volví a ver esta película italiana, que me encanta. Por qué me gusta tanto, no sé, porque como gran parte del cine francés e italiano, trata temas muy "cotidianos", pero de una forma artística que es propia de ellos. Además, sus paisajes son maravillosos y, bueno...la verdad es que el italiano es mi idioma preferido, lo encuentro apasionado y romántico, me encanta.

En fin, la película nos muestra los sentimientos de un grupo de treintones que se niegan a dejar "la eterna adolescencia". La primera vez que ví esta película, tenía 22 años y los treinta me parecían un horizonte muy lejano. Todavía estaba en la Universidad y más de la mitad de mis amigos aún no se planteaban el casarse o tener hijos. Pero ya desde entonces, yo tenía claro que yo sufría de "Síndrome de Peter Pan Agudo", ya que el titularme, buscar trabajo y formar familia, eran responsabilidades que trataba de postergar el mayor tiempo posible. Y hoy, casi 4 años después, veo que eso es lo que he hecho. Y ¿saben qué? Me encanta, aunque sé que es imposible ser la eterna adolescente y siempre he tenido claro que libertad implica responsabilidad, agradezco el esfuerzo de mis padres por darme la oportunidad de estudiar y yo siempre me he esforzado por responderles y he tenido mis peguitas donde he ganado mi platita.

Mi tema con las responsabilidades adultas no va tanto por lo de ser independiente económicamente ni con el miedo al compromiso. Supongo que se imaginan que después de casi ocho años de pololeo, sería enferma de hueona si me diera miedo el compromiso. Mi negación a ser 100% adulta se debe a que me niego a ver la vida con la seriedad adulta. Todavía me gusta ir a tomarme unos copetitos después de clases, de repente carretear un día de semana y pegarme un viaje sin remordimientos de pensar cómo pagaré las cuentas del fin de mes. Me gusta llegar a mi casa y que me regaloneen y todavía compro agendas de Hello Kitty y Winnie The Pooh. Me niego a ponerme un trajecito de dos piezas para ir a trabajar, aunque sí me visto formal y recatada para la pega y me siento rara o disfrazada con pantalones de vestir.

Talvez por eso me gusta esta película que muestra este grupo de amigos, algo mayores que yo, que se niegan a hacerse adultos y aceptar reponsabilidades. Aunque dan ganas de sacarles la chucha, cuando vez que uno no para de fumar pitos y tirar cada noche con una mina distinta; otro que está chato de su mujer y su hijo y no los pesca; el otro que se niega a hacerse cargo de la empresa familiar cuando su papá muere y el protagonista, que teniendo una polola preciosa, con la que vive en un depto muy piola y va a tener una hija, le baja una crisis hueona, de volver a ser pendex y se mete con una pendejita de colegio, estupenda, pero muy niñita. El "cable a tierra" del grupo es el que decidió tirarse a la piscina de la adultez de una: se casó con su polola y trata de aconsejar a sus inmaduros amiguitos.

No quiero contarles el final, pero pasa como la vida: algunos deciden prolongar su época irresponsable y otros se establecen. Y me gustó eso, porque creo que prolongar la adolescencia un ratito está bien. Sobre todo, cuando tienes 20 y tantos, porque ya superaste los complejos de la primera adolescencia, gozas de más libertad y recursos para pasarlo bien, eres más consciente y te cuidas más. Pero, lega un punto en que hay que chantarse y despegar haciala vida adulta. Pero yo me lo he tomado como un proceso y he ido quemando etapas de a poquito, para poder disfrutar un poco más la "adolescencia adulta", aunque siempre con límites y responsabilidad.

Los personajes de esta pelicula no siempre llegan a ese equilibrio. En general, casi todos trabajan y se mantienen, pero se niegan a comprometerse con algo y por eso planean un súper viaje por África. Algo motivante y atrayente, pero que a veces suena a huída. Y creo que huir, para evitar comprometerse con algo no es la solución.

A veces nos gustaría ser eternamente niños, no tener responsabilidades y hacer lo que queremos, no lo que tenemos que hacer. Pero, ¿saben qué? si hiciéramos eso, finalmente nos aburriríamos. Por eso, para variar, y apelo al eterno equilibrio. Talvez para ustedes esto parezca una obviedad, pero es que yo soy súper extremista y visceral. Y creo que se puede prolongar un poco la eterna adolescencia, en el sentido de no achacarnos múltiples responsabilidades antes de tiempo.

Pero, en el caso de los protagonistas de "El último beso", ellos estaban en una situación intermedia: dos eran padres y se negaban a la responsabilidad y el compromiso. Y yo ahí me enojo. Porque si eres padre, ya te adjudicaste varias responsabilidades de una. Responsabilidades ineludibles y que son para toda la vida. Entonces, asume. Si ya eres padre, ya es imposible no considerarse adulto. Porque ya tienes otra vida que depende de tí y tu libertad se ve, en cierto sentido, limitada. Aunque, me parece que es la más preciosa limitación que podamos poner a nuestra libertad.

Además, creo que ser adulto no significa dejar de pasarlo bien. Significa darse cuenta de que no todo en la vida es pasarlo bien. Cuando ya el deber no nos parece una imposición, porque entendemos que de esos deberes depende nuestra felicidad y la de quienes nos rodean. Los deberes pasan así a ser una opción. Decidimos ser responsables, comprometernos y cumplir. Yo me siento una adolescente aún, porque estoy en proceso de aceptar todo eso. Y mi nula intención por acelerar demasiado ese proceso es una prueba de que aún no maduro del todo.

jueves, febrero 22, 2007

Reflexiones de una ermitaña

Cuando estás lejos, todas las noticias te llegan con una emoción recargada. Hoy, me llegaron dos hermosas noticias de nacimientos: un tío acaba de ser papá por tercera vez, de un rollizo niño de 4 kilos y una amiga, de una niña de 3 kilos 600, con una carita muy simpática. Pero, también supe sobre la separación de una compañera de colegio. Y es un tema que me apena muchísimo, porque aunque yo no la vea mucho, la conozco de toda la vida y sé las ilusiones que tenía puestas en este proyecto.
Caminando por Pamplona, pensaba en estas dos noticias de hoy, una de nuevas vidas, de alegría y emoción y otra de tristeza, de mucho dolor. Me guardaré los detalles, porque es una historia muy complicada y que ha causado mucho daño. Recordaba lo que Pepa escribió el otro día en su blog, sintiendo que todos habían evolucionado, mientras ella sentía que seguía igual (cosa que yo no estoy de acuerdo), y pensaba que, a veces, es mejor estancarse en ciertos aspectos de la vida, como el emocional.
Porque a veces, uno está solo, mientras todo el resto está emparejado y se siente distinto o incompleto. Pero a veces, los que están con alguien están mucho peor que tú. Lo que pasa es que uno no se da cuenta. Creo que por eso no es bueno apurar las cosas. Y si bien, me alegro por mis amigas que ya se han casado y han tenido hijos, y a veces me gustaría estar como ellas; cuando me entero de historias como ésta, me doy cuenta que el matrimonio y la maternidad son temas importantes, preciosos, pero que requieren una tremenda responsabilidad. Es entonces cuando descubro que cada cosa tiene su tiempo y que no hay que apurar las cosas.
Así que a mis lectores les digo: si están urgidos porque su pareja no quiere soltar la roca todavía o, sufren porque están, como dicen acá "más solos que la una" (me fascina esa expresión), no se angustien. Si están solos o emparejados, pero sin perspectivas de altar cercanas, piense que es porque aún no les llega su hora. Ya llegará cuando tenga que llegar. Y si no llega, es porque talvez algo mejor o distinto les espera.
Lo que trato de decir es que NO apuren los procesos. A veces, la gente, y más en concreto, las mujeres, empezamos a urgirnos por el tema de "que se nos va el tren" o el "reloj biológico" va pasándonos la cuenta, y hacemos estupideces. Aunque, también hay hombres así, pero es un problema más femenino, porque las mujeres somos mucho más de tejer grandes planes a futuro, en ese sentido, los hombres "viven más al día".
Si ven que sus amigos ya están casados y criando guagüitas, no se urjan. Mejor ser "el tío solterón buena onda" de los pendex de los amigos, a estar soportando energúmenos de por vida. Si quieren ver un gran ejemplo de soltera urgida, capaz hasta de olvidar su dignidad por buscar un hombre para llevar el altar, vean "El Diario de Bridget Jones" o lean "31", la excelente columna que escribe Claudia Aldana bajo el seudónimo de "Consuelo Aldunate" en la revista Ya.
Con esto, no quiero decir que esta amiga mía que sufre ahora una separación haya terminado así por eso. Para nada, a mí me consta que se casó enamorada y muy ilusionada. Creyó encontrar al hombre de su vida. Lo que digo es que cuando pasan estas cosas yo digo: "para qué la gente anda tan urgida en busca de casarse, si el matrimonio no es el paraíso". Casarse no es sólo ser, por una noche la reina de la fiesta, emperifollada y de blanco. Y el matrimonio no empieza cuando te vas dos semanitas a pasarlo bien, lejos de la rutina, al Caribe.
El matrimonio es un proyecto en común, que conlleva una diaria convivencia, ceder en muchas cosas, trabajar por sacar adelante a la familia, criar a los hijos en conjunto, disfrutar de algo tan sencillo como tomar juntos el desayuno el día domingo. Por lo menos ese es mi concepto. Obvio que me gustaría el anillo, la fiesta, el vestido y el viaje, pero entiendo que no es sólo eso. Y a los hueones que no entienden porqué uno lleva casi ocho años pololeando y no se casa, les digo que porque aún no es el momento y que si acaso ellos me van a mantener. Porque claro, esa gente parece que se queda con la idea del anillo y la fiesta, que es lo que a sus mentes copuchentas les interesa.
Así que, si como yo, llevan años de pololeo, felices y todavía ven lejos (sin complejos) el altar y la gente los huevea, voy a ser muy poco fina, pero: PASENSELOS X LA RAJA. Porque cuando ustedes tengan un hijo llorando a las tres am, no van a ser ellos quienes se van a levantar. Van a ser ustedes, aunque al día siguiente lleguen con ojeras a la pega. Y les va a dar lata y al día siguiente van a andar malgenios, pero lo van a hacer igual y, en el fondo, (talvez muy en el fondo), felices. Porque ese sueño es porque tienen un hijo con la persona que aman. Y cuando vean a su pareja urgida tratando de cuadrar las cuentas del mes o buscando pega, no van a ser ellos los que van a estar al lado de él, tragandose su mala onda y su tensión. Van a ser ustedes. Y lo van a hacer porque es tanto lo que lo aman, que prometieron apoyarlo en las buenas y en las malas. Y si, como mi pobre amiga, los problemas son tantos que ya no hay vuelta atrás, los que sufren con la separación son ustedes. No el hueoncito que te preguntaba cuándo te casabas. Ése, seguramente en ese momento ni siquiera te va a dar su apoyo, capaz que copuchentee con tu desgracia, o te condene al infierno.

jueves, febrero 15, 2007

Brujitas Criollas

Existen mujeres que desde pequeñas tienen el vestido de novia en la cartera. Pero, hay otras peores, que no sólo tienen como única aspiración casarse; sino que para conseguirlo están dispuestas a todo. Después de todo, las del vestido de novia en la cartera, en general son honestas y se les nota desde siempre lo que quieren. Y buscan hombres que califiquen con ciertos requisitos: buena pinta, buena proyección liberal y plata. No digo que ahí no haya amor, obvio que lo hay, porque ellas desde chicas han soñado con un tipo de hombre y, al encontrarlo, es lógico que se enamoren. Algunas tienen mucha suerte y además, se encuentra con que este hombre va con el anillo en los bolsillos.
Eso es algo que yo he visto muchas veces y antes, al ver mujeres de 21 o 22 años casarse, me espantaba. Ya no, porque con los años me he puesto tan tolerante que me ha dado cuenta que si su opción de vida es ser una mamá joven y su mayor proyecto de vida es la familia, me parece muy respetable. Además, porque después he visto cómo se desenvuelven como mamás y dueñas de casa responsables, mientras yo sigo carreteando como si tuviera 15. Yo tomé la opción de prolongar mi época estudiantil y postergar el formar una familia. Pero, porque a mí me fascina estudiar y mis proyectos laborales requieren que invierta más tiempo haciéndolo.
En fin... mis queridos lectores: si se topan con una niña cuyo velo de novia se asoma por el bolsillo, no se asusten. Si están enamorados y también buscan estabilidad, formar una familia o, simplemente, llevan el anillito de rigor en el bolsillo; juéguensela. Será una excelente madre y esposa, porque para eso se ha preparado toda la vida. Eso sí, yo siempre recomiendo que para casarse, hay que estar seguro, conocer bien a la persona, quererla mucho y esforzarse por que todo salga bien.
Pero, si ustedes aún no piensan en caminar de pingüinitos al altar todavía y sólo buscan enamorarse, conocer a alguien especial y en un futuro, más bien lejano, si todo sale bien, llegar a un compromiso, o bien; no creen en el matrimonio, arranquen a perderse.
En todo caso, la aspirante a novia no es tan peligrosa. Hay un especimen muchísimo peor, porque por último, a la que describí antes es fácil distinguirla. En cambio las manipuladoras son lo más peligroso que puede pasarle a un hombre bueno (porque, a pesar de lo crítica que he sido con los hombres en mis dos últimas columnas, sí creo y me consta que hay hombres buenos.)
La manipuladora es aquella que utiliza cualquier artimaña para conseguir lo que quiere sin dar a conocer nunca sus verdaderas intenciones. Creo que, en honor a la verdad, así como dentro de cada hombre hay un pequeño jote en potencia (que muchas veces aflora con el copete, jiji), dentro de cada mujer hay una pequeña manipuladora. Pero, como nada es tan blanco ni tan negro hay que matizar y yo, me estoy centrando en aquellos que concentran demasiado dentro de sí estas características negativas.
La manipuladora puede usar distintas armas para conseguir lo que quiere: el sexo, el demostrar constantemente que es perfecta y que por eso sus opiniones son siempre las mejores, sus debilidades (enfermedades, depresión, un mal momento, una adicción, etc), su físico, etc. Tengan mucho cuidado amigos míos, si se topan con una de ellas. Sé que así como hay mujeres jotes, hay hombres manipuladores, así que mis consejos son para cualquiera en general. Además, la manipuladora, como amiga, también es peligrosa.
El mayor problema es que son absorbentes. Como en general se trata de gente insegura, necesitan constantemente que alguien les preste atención para reafirmar su ego. Lo que a mí, personalmente, me resulta agotador. Y muuy dominantes. Yo prefiero al dominante clásico, que es imponente, porque aunque sea prepotente y a veces pesado, es más directo y honesto. la manipuladora es dominante "por debajo", consiguiendo con lloriqueos, pucheros, jueguitos de seducción o un buen polvo, lo que anda buscando. Y cuidado a los resistentes al compromiso: porque hay mucha manipuladora que además lleva vestidito blanco en la cartera. Peligrosísimas.
Como son dominantes, huevean hasta el cansancio con sus shows para imponer su voluntad. Son las típicas minas que "moldean" a sus pololitos a imagen y semejanza del hombre ideal que se han imaginado en sus perturbadas cabecitas. Yo no digo que sea malo tener ideales: pero seamos honestos: si te enamoras, debes aceptar a tu pareja como es, obvio que con amor pueden ayudarse a corregir ciertos defectos que molestan al otro. Pero yo en general soy partidaria del "me conociste así y es lo que hay".
A veces, la manipuladora, haciendo caso omiso al principio que yo he expuesto anteriormente, puede ser una excelente actriz y para "atrapar" a un hombre es capaz de mutar temporalmente su personalisad. Volverse toda una lady, de taquitos y pelo alisado si su blanco es un cuiquito; una hippie si el cabro es más rebelde; dejar de lado a Danielle Steel y empezar a leer a Doitoievsky si se enamoró de un intelectual; etc.
Pero llega un momento, cuando ya la relación está más avanzada, que la princesita comienza a sacar las garras y transformarse en la bruja que siempre fue. Si antes celebraba cada una de las estupideces que su galán hacía cuando estaba copeteado, ahora le prohíbe tomar; si antes ella era "feliz" porque él se iba un fin de semana con el club de Toby a la playa, ahora cada vez que él le manifiesta su intención de hacer algo así, vienen los llantos y las pataletas. Podría seguir eternamente. Yo soy muy visceral y, generalmente, cuando algo me molesta, no puedo callármelo. Las veces que he debido hacerlo fue para no causar daño. Pero jamás he representado el papel de la novia complaciente y tolerante, dispuesta a mimetizarse con su hombre. Ni cagando, no podría, no me soportaría ni yo.
Una de las cosas más peligrosas que suele hacer la manipuladora es alejar al hombre de sus amistades. Aunque aquí les recuerdo que también hay hombres que presentan estas características, pero cuando un pololo te aleja de tus amistades, suele hacerlo más directamente. Porque los hombres son directos, las mujeres somos más sutiles y estrategas. Es normal que, al empezar una relación, haya ciertos personajes del círculo de tu pareja que no te caigan bien. Ahí yo he apelado siempre a la honestidad: se lo comento a mi pololo, obviamente con tacto. Y a veces, me he dado cuenta que son puros prejuicios míos y pocas veces, por suerte, el tiempo me ha dado la razón. Y mi pololo nunca se ha enojado porque le comento que alguno de sus amigotes me caiga mal, a veces los defiende o no me pesca, diciendo que son prejuicios míos. Nunca ha habido un conflicto por eso. Hay otra gente, que se la aguanta, para evitar problemas y los evita. También es una buena decisión, depende.
¿Qué hace en cambio la manipuladora? Entra al grupo de amigos del pololito como "la amigui de todos" y, en poco tiempo, los conquista a todos. Para después ir dejando ver sus garritas y espantando a los amigos. ¿Y qué hacen estos? Con el dolor de su alma, van dejando de ver a su amigo, otros intentan advertírselo, pero a veces es peor. Muchos optan por juntarse con él en los momentos en que la bruja no pueda ir. Lo encuentro terrible, porque creo que la amistad es súper importante y esas verdaderas "limpiezas", al más puro estilo hittleriano que realizan algunas parejas, me parecen horrorosas. Sólo las apruebo en los casos en que se intenta "salvar" a la persona de una adicción o de alejarla de un grupo de delincuentes. Aunque yo, la verdad, soy un poquitín cobarde y si me encuentro con un hombre heroinómano o de la Mafia, arranco a perderme.
Así que les digo, cuidado con la gente manipuladora. Prefiero mil veces a alguien dominante, a un ultraconservador o incluso a un jote. Porque sabes a qué atenerte. Pero, las manipulaciones, del tipo que sean, a mí me sacan de quicio.

Día de San Valentín

Ayer se celebró una de las gringuerías máximas que llegó a nuestro país impuesta por Hollywood y tiendas hoy inexistentes como Village: El Día de los Enamorados. Una fecha que a mí no me importa mucho, aunque confieso que desde que estoy pololeando la tengo presente y cuando estoy con él, procuro armar un panorama entretenido y, las veces como ahora, que nos separa un océano, me preocupo por saludarlo.
Aunque creo que el día de San Valentín, con sus decoraciones rosaditas, sus cupidos y huevaditas varias en formas de corazón, es una chulería. Creo además que, al igual que el Día del padre, Día de la Madre o Día del Niño, son fechas impuestas por los publicistas y comerciantes para aumentar sus ingresos en la venta de flores, chocolates y peluches (uy, parece que lo mejor de mis sentimientos antiimperialistas estan aflorando, jiji).
Creo que no necesitamos de fechas impuestas por terceros para celebrar que estamos enamorados. Y si queremos fechas, ahí están los aniversarios, algo mucho más significativo, ya que celebras el inicio de "tu" relación. Pero creo que, si queremos hacer un gesto bonito y demostrar amor o celebrar el amor, no tenemos porqué esperar hasta el 14 de febrero. Fecha que, para nosotros los del hemisferio sur a veces puede ser fatal, porque nos puede pillar en vacaciones y lejos de la persona amada...por otro lado, si estás de vacaciones y en pareja, puede ser lo más espectacular del mundo. Ahí a veces se dan celebraciones "históricas"... es cosa de ver cómo en noviembre sube la tasa de natalidad en el país.
Así que les digo: si ayer celebraron San Valentín, muy bien por ustedes. Yo no pude hacerlo, porque estoy muy lejos de mi pololo, aunque igual nos saludamos con muucho cariño. Pero, no se angustien si la fecha les pilló solos o, como a mí, lejos de su amor. Lo ideal sería hacer de cada día un San Valentín, por muy cliché que suene eso.
Por último, quería saludarlos a todos y que espero hayan tenido un muy buen día. Porque, aunque en nuestro país es el Día del amor, en otros lugares es también el día de la amistad. Y a muchos de ustedes, los que me leen, aunque no los conozca personalmente, les tengo cariño, por compartir conmigo un ratito de su tiempo, leyendo mis confesiones.

jueves, febrero 08, 2007

Las desventuras de Caro

(He aquí mi primer "Corín Tellado". Algo que partió con una base real, que luego fui adornando con mil historias más que he vivido o escuchado. Ojalá les guste y no haya salido muy melosa, jijiji.)

No sé porqué de tanto escuchar historias de amores no correspondidos, me puse nostálgica y
recordé una muy, pero muy añeja, de casi diez años de antigüedad:
Mi amiga Carolina era muy inocentona. Tenía 16 años, pero nunca había dado un beso, porque era muy tímida. Soñaba con amores platónicos y con su príncipe azul. A pesar de que todas las que teníamos "algo" más de experiencia, le decíamos que el hombre perfecto no existía y que tuviera cuidado.
Pero ella conoce un día a Sebastián, que la dejó "marcando ocupado"; alguien que parecía muy tierno, muy inteligente y que demostraba mucho interés por ella. El error de ella fue dejarle claro, desde el principio, lo inexperta que era. Y al parecer, a algunos hombres, la inocencia de las mujeres les parece un reto: como que les afloran los genes de descendientes de conquistadores del Nuevo Mundo que llevan en los genes y ven a estas mujeres inexpertas como una nueva tierra a conquistar.
El caso es que mi amiga, como tenía tan poca experiencia, tenía una visión muy idealizada y cartuchona de lo que debía ser salir con alguien. Y cuando este galancito trató de darle su primer beso, ella, a pesar de que se moría de ganas, le dijo que no.
Ustedes pensaran: ¡Qué hueona!, si, la verdad, la pobre fue un poco ñoña. Pero, en su defensa puedo decir que ella consideraba que había pasado demasiado poco tiempo (sólo se habían visto unas dos o tres veces). Y yo creo que le dio miedo, miedo a enamorarse hasta las patas y que después se la cagaran. Aunque ella siempre dijo que sentía que no lo conocía lo suficiente.
Lo que pasó después fue bien obvio: él no llamó más. Ella, ilusamente pensó que le iba a pasar como la canción "dime que no" de Arjona: que al haberlo rechazado una vez, él volvería a la carga. Ella creyó que, si él la había invitado a salir y le había pedido un beso, era porque estaba enamorado. Porque ella sí lo estaba. Fue su primer amor y le costó mucho olvidarlo. Ahora, han pasado 10 años y ya es tema superado.
Pero le costó mucho. Sobre todo, porque después de él, tuvo un "clavo": su primer pololo, un verdadero desastre. Si el otro era un galancete agazapado, que se las daba de tiernucho, pero en el fondo lo único que quería era agarrársela, éste era el típico jote chileno (que Pepa describió con gran acierto en su columna de LUN). Y desgraciadamente sus amigas tuvimos el mal ojo de fomentarle la relación con ese patán. Porque nosotras veíamos a un tipo muy preocupado por sus amigas, que las trataba como si fueran reinas del mundo y capaz de cruzar la ciudad entera a pie por ir a verte. Con ella fue así al principio. Carolina conoció a ese hombre al mismo tiempo que al otro. Eran amigos, de hecho, me parece que todavía lo son. Sé que suena feo, feísimo, pero ahora lo voy a explicar: cuando Sebastián dejó de llamarla, él dio vuelta la página y se olvidó de ella. Pero Carolina, como buena adolescente enamorada quedo un poco "pegadita" y trataba de que él volviera a pescarla, sin resultado. Necesitaba un "aliado", alguien que la ayudara a recuperar su amor perdido. Y ahí acudió a Cristóbal. Sabía que Cristóbal había tenido miles de pololas y aventuras, pero ella se acercó a él como a un "amigo". Lo que ella quería en ese momento era información sobre Sebastián, para poder coincidir en los mismos lugares y emprender una "reconquista". La pobre, todavía pensaba que Sebastián sentía lo mismo que ella y que era taan tímido, que su rechazo lo había cohibido.
Pero en uno de esos "encuentros casuales", se encontró con que Sebastián tenía polola. Ya habían pasado un par de meses desde lo que NO había pasado entre ellos y sus encuentros siempre habían sido distantes. Su "amigo" Cristóbal, en cambio, estaba cada vez más cercano a ella: llegaba a verla de sorpresa, la invitaba al cine después de clases, le ayudaba con sus trabajos de inglés...el "amigo perfecto". Hasta ese momento, eso sí, no le había contado nada sobre sus sentimientos hacia Sebastián. Y al parecer, Sebastián nunca contó a sus amigos lo que había pasado esa noche. Porque ellos le preguntaron y él siempre contestó con evasivas. Y Carolina, con nosotros, tomó la misma actitud, hasta que mucho tiempo después, nos confesó que se moría por él, que la había cagado y que él no la pescó más.
Nosotras la animamos a acercarse a Cristóbal para llegar a Sebastián. Pero, cuando después de las vacaciones de invierno, ella llegó a una fiesta y vio a Sebastián de la mano con Trini, su polola hace 4 días, la Caro se quería morir. Puso su mejor cara de cínica y hueveó toda la noche con Cristóbal y con las que estábamos ahí. Pero, apenas pudo, se fue a su casa a llorar. No podía creer lo tonta que había sido.
Pasaron unas semanas y Cristóbal cada vez estaba más cerca de ella. Hasta que, por fin, decidió invitarla formalmente a salir. Para ese entonces, él ya sabía que ella estaba enamorada de su amigo. Ella le había contado y él le dijo que se olvidara del Seba, porque estaba muy enamorado de la Trini.
Caro empezó a convencerse de eso y decidió darse una oportunidad con Cristóbal. Sabía de su fama de mujeriego, pero, ingenuamente, pensó que era así porque nunca se había enamorado de verdad. Y ella, tan tierna e inocente, pensó que podía cambiar a un hombre. Uffff...en fin
Salieron como dos meses. Al principio, ella le dejó claro que no estaba ni ahí con él. Pero despues...empezó a confundirse y un día me confesó que le gustaban los dos. Era raro, salía con uno y lo pasaba increíble, hasta que llegaba el otro, feliz con su pololita y ella se empezaba a imaginar que ella debía estar ahí en su lugar. Pooobre.
Ahí es cuando ella debió escapar, desaparecerse un tiempo. Además, esos hombres no valían nada. Qué pena no haberlo sabido para aconsejarla. Además, yo en esa época estaba muy preocupada en mis propios rollos pseudointelectuales, ermitaños y sufriendo por culpa de un maldito jote.
Bueno, pero el cuento es que finalmente la Caro cayó en las garras de Cristóbal. Aunque, según me confesó, mientras estuvo con él, nunca pudo olvidar al Seba. Por eso, durante los tres meses que estuvo con Cristóbal, evitaba hablar con su antiguo amor. Su primer mes de pololeo fue muy lindo. Fue su primer pololo y ella estaba con toda la ilusión de un primer romance, sintiéndose querida. Además, él era atento, preocupado y, para mi gusto excesivamente complaciente con ella, no me gustan los macabeos. El segundo mes ella empezó a sentirse ahogada. Él era demasiado absorbente, quería estar todo el tiempo con ella y Caro a veces necesitaba su espacio. Y sentía que él no se lo daba. Y el tercer mes fue horrible; el hombre cariñoso y preocupado desapareció, dando lugar a un hombre celoso y absorbente unos días, indiferente otros y que se desaparecía otros tantos. Ahí, Caro comenzó a sospechar que se la estaban cagando. Ya no quería más: no entendía cómo alguien podía cambiar tanto. Y ahí fue cuando mi amiga, por fin!!!! aprendió dos sabias lecciones acerca de los hombres: que muchos (no todos) mienten o mutan de personalidad para atraer a una mujer y que es muuy difícil que cambien. Osea, éste era mujeriego y siguió siéndolo. Por suerte, mi amiga se dio cuenta a tiempo y lo mandó a la mierda.
El problema fue que su ruptura coincidió con la del Seba y la Trini. Y mi amiga empezó a creer que ahí podía pasar algo. A pesar de que nosotros la tratamos de convencer por toodos los medios de que no hiciera nada, ella se la jugó. Y al final, logró pillar al Seba volando bajo, borracho pasando las penas por haber peleado con la Trini, y le dio ese beso, que un año antes se había negado a darle. Caro ya había aprendido algo de su mala experiencia anterior y no se hizo muchas ilusiones. Cuando supe que se lo había agarrado, la reté. Le dije que no se esperara que él la llamara. Además, nos íbamos en un par de semanas a Viaje de Estudios (qué tiempos aquellos!!!! juventud divino tesoro...) y para qué iba a empezar una relación, para pasar las dos semanas siguientes separados (eso, a mi edad ya no importa tanto, pero a los 17, ufff). El caso es que el Seba la llamó. Y ella salió con él, hasta antes de irse al Viaje de Estudios. Nunca hubo ni un "te quiero" o un intento de formalizar algo. Sí, unos besitos locos y tomaditas de mano. Nada más, porque mi amiga sabía perfectamente que ella era "el clavo" del Seba. Se lo dijimos, pero nos dijo que no le importaba. Había sufrido arrempetida de no darle ese primer beso y ahora se estaba desquitando. Necesitaba cerrar esa historia y si la única forma de hacerlo era siendo la amiguita con derechos, no le importaba.
Llegó el famoso viaje de estudios y él fue a despedirla al bus. Un romántico y pequeño beso de despedida y un "nos vemos a la vuelta". Ella ya no se hacía ilusiones. Durante esas dos semanas, no habló con él. Ella decidió no llamarlo y él tampoco la llamó.Tampoco Caro se lo esperaba: no tenían nada serio y, le tincaba que él estaba tratando de volver con la Trini.
Dos días después de volver a Santiago, él la llamó. La invitó a su fiesta de graduación. Sería el fin de semana antes de Navidad, es decir, en dos semanas. Ella intuyó que durante su ausencia, él trató de volver con la Trini, sin resultados. Decidió aceptar, porque todavía le gustaba y lo quería, aunque esas dos semanas lejos de él, con sus amigas y paseando por las playas del norte, le hicieron darse cuenta de que ella valía demasiado como para ser el segundo plato. Fue a la fiesta con él y lo pasó muy bien. Pero, no pasó absolutamente nada.
Durante la noche él trato varias veces de besarla. Nosotros siempre pensamos que él nunca la había querido y que sólo quería una aventura con ella, deseando ser "el primero". Después temíamos que como su amigo había sido el primero en besarla, éste buscara ser el primero en ir más allá. Nunca lo sabremos. Lo que sí supimos es que las sospechas de Caro con respecto a su relación con la Trini, eran ciertas. Ella no quiso saber nada más del Seba y cuando éste intentó volver con ella, ésta, muy educada, le dijo que ya no sentía lo mismo que antes. Después, se enteró de sus encuentros con la Caro y lo mandó a la mierda.
Caro supo todo esto una semana antes de la fiesta. Pero, no fue la única razón para rechazar a Sebastián esa noche. Simplemente se aburrió. Le pareció que andar con el amigo de su ex era feo y más cuando la tenían de reemplazante. Decidió que esa noche sería la despedida. La noche del adiós. Alguien dijo, medio broma, medio en serio, que porqué no se lo comía a besos esa noche, si es que era su despedida. Y ella dijo: "Porque sé que si vuelvo a besarlo, ya no habrá una última vez".
Lo extraño de todo es que después, él empezó a perseguirla. La llamaba, la invitaba a salir y se aparecía donde estaba ella. Ella, divertida, nos comentaba que ahora "se había dado vuelta la tortilla". Pero, cumplió su promesa. Y un buen día, antes de rechazarle, por quinta vez, una invitación, le dijo: "tu problema Seba es que no sabes estar solo. Y yo quiero estar con alguien que me quiera a mí, no con alguien que esté conmigo por estar con alguien. "
Él nunca más la llamó. Pero yo me lo encontré hace dos años, pololeando con una conocida mía. Y me dio gusto ver que al parecer, las palabras de mi amiga lo hicieron entar en razón. Porque después de lo que le dijo Caro, él pasó dos años solo y luego de algunas experiencias fallidas, conoció a su actual polola, con la que está hasta ahora.
Pero, más gusto me dio ver a Caro aprender una importante lección de vida. Hoy está casada y con ganas de ser mamá luego. Algo que me recuerda que la "adultez" se me acerca a pasos agigantados. Pero ésa es otra historia.

miércoles, febrero 07, 2007

El jote pamplones

El otro día hablaba con dos hombres que conocí, nacidos y criados en Pamplona. Estaban con nosotros varios amigos latinoamericanos y estábamos comentando algunas particularidades del carácter de los navarros: son muy directos, muy cerrados en su círculo de amigos, muy tímidos, sobrios para vestirse, más conservadores que el resto de España, etc.
Pero, me llamó la atención la imagen que los mismos pamploneses tenían de las mujeres de Pamplona: decían que eran frías y muy pesadas, indiferentes y cortantes cuando se les acercaba un hombre. Yo después de un tiempo acá me he dado cuenta porqué las mujeres actúan así. Me carga generalizar acerca del comportamiento de la gente según su lugar de origen, pero acá he visto que muchos hombres, de entre 20 y 30 años, se acercan a las mujeres con la única intención de hueviar. Y veo que las mujeres de esa misma edad buscan algo más serio. Entonces, comprendo la actitud de ellas: les pasa como a mí. Tienen un "radar antijotes", desechando a todo aquél galán que llega creyéndose Brad Pitt o "el cachero de las pampas", con una actitud de "aquí te las traigo Peter". Porque éstos son jotes agresivos: o se quedan pegados mirándote una hora o llegan galanes, abordándote con una actitud que molesta.
Yo ya tengo varias amigas que han caído en las garras de estos jotes. Se han creído, por un par de días, correspondidas. Pero, después, ellos les salen con que sólo quieren ser amigos o con que fue algo del momento y nada más. O peor: no les han dicho nada y después los han pillado acarameladitos con otra.
A ver, no estoy diciendo que toodos los hombres de acá son así. Más aún, cuando ese especimen también existe en Chile. Y tampoco estoy desproticando contra los hombres (de hecho, creo que la maldad femenina es diez veces peor que la masculina).
Lo que me da rabia es que los dos navarros que alegaban contra la actitud de la mujer de Pamplona, son los mismos que después hicieron sufrir a mis amigas con su actitud "fuego de noshe, nieve de día", como diría Ricky Martin (sorry x lo chulo del ejemplo, pero es el único que se me ocurrió).
Y eso me da rabia: se quejan de que las mujeres son frías y distantes. Pero, cuando son cálidas y tiernas, las usan sólo para un rato. Osea, están en todo su derecho de hueviar y de agarrarse a medio mundo si quieren; pero no se quejen. El mismo derecho que ellos tienen de hueviar, las mujeres de su ciudad lo tienen para buscar a alguien que realmente valga la pena. Por eso, que se busquen mujeres que quieran lo mismo que ellos. Y a las que quieren algo serio, que no las molesten.
Lo más divertido de todo es que después, una noche salí a bailar y me dí cuenta porqué las mujeres reaccionan tan pesadas: el jote español es mucho más agresivo que el jote chileno. Tampoco es como el jote argentino, ése sí es para salir arrancando. Yo, desgraciadamente, tuve un par de malas experiencias con jotes (chilenos eso sí) durante mi adolescencia y eso me hizo desarrollar un radar hacia los jotes. Y a ellas, me imagino, les debe haber pasado lo mismo. Porque esa noche me ví convertida en una pamplonesa cualquiera: pesada, fría y distante con los que trataron de acercárceme. No porque se hayan acercado, sino por la forma grosera y descarada de hacerlo, demasiado entradores y galancetes. Yo en Chile tengo un pololo y estoy feliz con él; por lo tanto, no estoy ni ahí con andar con aventurillas. Y si conozco gente, los veo como amigos y les dejo claro desde el principio que no se pasen rollos. Pero, tampoco soy ingenua: si alguien llega con una actitud así de entradita, me queda claro que no le interesa ser mi amigo.
Así que llegué a la conclusión de que las mujeres de aquí no son pesadas o frías: son inteligentes. Se dan cuenta altiro cuando éstos andan ganosos y no los pescan. Porque, a lo mejor ellas no andan buscando hueveo. A lo mejor ya han hueviado mucho y quieren algo serio o, simplemente, buscan que las quieran y las respeten. Como muchos de nosotros. Y, aunque no saben quién es el que les dará cariño y respeto, saben perfectamente quién no se los dará.
Y ahí me sentí afortunada. Porque yo sí tengo una relación estable y me siento querida y respetada. Mayor razón para "espantar" al jote pamplonés. Personaje que empiezo a odiar, no porque sea jote (cada cual tiene sus opciones en la vida), sino por hacerse la víctima cuando una noche no pueden cazar.

martes, febrero 06, 2007

"El Sindrome Zamorano"

Estando en España, he reflexionado sobre un curioso síndrome que le viene a algunas personas cuando viven un tiempo fuera de su país. Algo que, incluso ha sido parodiado en esa exitosa y chistosa serie de Me gavisión que es "Casado con hijos": el "síndrome Zamorano".
Es una extraña cuestión que ocurre cuando a una persona se le pega el acento del país que lo ha acogido. Se ha bautizado así, porque el célebre futbolista, después de vivir varios años en España (jugando muy bien, por cierto), volvió nuestro Chilito lindo hablando como español, siendo que es más chileno que los porotos (como la que escribe y como la gran mayoría de los que me lee).
Yo lo encontraba una chulería (entiéndase en el sentido chileno: siutiquería, no en el mexicano ni en el español, que sería algo atractivo). Hasta que, llegué a España y me encontré con una realidad un poco triste: nadie entendía lo que hablaba. Es cierto, hablo rápido, no modulo y uso muchos, muchísimos, modismos propios de Chile y también demasiados garabatos. Entonces, no me entendían qué decía. Por eso, para poder comunicarme, he tenido que "neutralizar" mi acento. No me malentiendan, no hablo como doblaje de película del Showbiz (qué horror!!!), sino que trato de hablar más lento y de "traducir" mis chilenismos a sus modismos españoles (aunque, de vez en cuando introduzco algún chilenismo, xq son tan bonis algunos...)
La famosa "zeta" no se me ha pegado y no se me va a pegar. De hecho, cuando, x hueviar, trato d imitarla, no me sale y termino pronunciando las "s"como zetas y las zetas como "s". Osea, todo al revés. Y cuando me enojo, no digo "coño", ni "joder", sino el chilenísimo "puta la huea" (q ha causado sensación en estas tierras). Y no puedo decir "en seguida", sino "altiro" (se cagan de la risa cada vez que lo digo, y todavía no lo cachan).
Pero bueno, entiendo que a la gente, por tratar de darse a entender, se le pegue "algo" de la forma de hablar. Aunque es un proceso muuuy lento. Hay que vivir más de cinco años para que se te pegue bien. Por ejemplo, yo tengo un tío que vive hace 15 años en México. Habla como chileno, aunq obvio q se le han pegado palabras mexicanas, pero el "hueon" sigue presente en su vocabulario.
Es que es eso: más que ponerse a hablar como español, a uno se le pegan las palabras. Muchas veces, porque la palabra que usabas siempre, aquí no la conocen o significa otra cosa (que es peor, xq se presta para malentendidos).
Cada país de habla hispana tiene sus modismos. Nosotros, compartimos algunos con nuestros vecinos (por ejemplo, "mina", con Argentina o "huevón" con Perú). Hay otros vocablos propios de Latinoamérica, como "gringos", expresión desconocida para los ibéricos. Pero lo peor, es cuando en un lugar algo significa una cosa distinta al sentido que nosotros lo usamos. Ejemplos hay muchos: la misma palabra hueón (huevón) es flojo en México y España. O guagua, en Ecuador, Perú y Chile es un niño chico; en cambio, en Venezuela, Colombia y las Canarias, es la micro.
Y hay otros ejemplos más graves. Hay cosas que en algunos países mejor ni decir. X eso, un consejo: si salen d Chile, piensen bien cada palabra q usaran, para que nadie se enoje o no les entiendan cualquier cosa. Traten de usar los sinónimos más de la RAE que encuentren. Bueno, o si no, hablen nomás como quieran, pero les advierto que les tocará después dar explicaciones idiomáticas. En todo caso, generalmente los mal entendidos producen situaciones chistosas, rara vez son incómodas.

viernes, febrero 02, 2007

época de exámenes

Estoy temporalmente fuera de servicio, xq estoy en plena época de exámenes. Y eso tiene mi cabecita ocupada, sin inspirarme a escribir nada. El 8 tengo mi último examen y hoy comienzo un enclaustramiento intensivo, ya que es el más difícil. Es que la historia medieval, para uno que es chileno y su continente no vivió esa etapa, aunque es apasionante, es muuy difícil. Así que tengo que aprenderme para el 8 unos 500 años de historia, además de manejar decentemente la geografía europea.
Ya volveré a "confesarme" cuando termine mis exámenes. Muchos han pasado por esto mil veces y me entenderán. Además acá, en España, tienen la maldita costumbre de que el examen valga entre el 60 y el 100%. Al revés que en Chile, donde, exceptuando carreras como Derecho, el examen vale como el 40%. De hecho, si eras mateíto todo el año, el examen era un trámite y había universidades donde bastaba con ponerle el nombre para aprobar. En la mía no, pero me aguantaban sacarme hasta un tres. Allá el examen era para salvarte o para darte el último empujón; acá, lo decide todo. Así que en esa estoy, preparándome para sacar buenas notas.

martes, enero 23, 2007

"Errores Pequeños"

Estoy furiosa. Hoy, como todos los días, revisé por Internet los diarios chilenos. Y me encuentro con la continuación de esa vergonzosa teleserie que fue el caso chiledeportes. Ahora no sólo resulta que ese organismo, cuyo objetivo es apoyar el deporte nacional, en realidad financiaba campañas políticas para engordar aún más a nuestros "honorables" políticos, dejando sin recursos a nuestros deportistas. Hoy nos hemos enterado que su presidenta tenía su currículum vitae adulterado. Y ella, por suerte decidió renunciar, alegando que era un "error pequeño".
¿Cómo va a ser un pequeño error MENTIR sobre sus logros profesionales, al dirigir un cargo público, que más encima se ha visto tan desprestigiado en los últimos meses?
A lo mejor ella considera que el hecho de no estar titulada no es impedimento para ejercer un cargo público y por eso tratan de bajarle el perfil a la situación. Y estoy de acuerdo: una persona puede estar en un puesto altísimo, haciendo su pega de forma excelente. Porque, para trabajar bien, más que un título, se necesitan conocimientos (que pueden adquirirse sin estudiar, el título es un simple certificado de que los posees), pero, más que nada, esfuerzo y talento.
Lo que a mí me molesta es la mentira, avalada por el Gobierno. No sé qué creer: si el Gobierno fue engañado (lo que los deja pésimo, ya que averiguar si el CV de una persona es falso o no, no cuesta mucho) o si apoyaron esta farsa. Porque estudiar un semestre de filosofía no es lo mismo que ser licenciada en filosofía. La diferencia "sólo" son 7 semestres más, y una tesis o examen de grado.
Cuando leí el titular que decía que los antecedentes de Depassier estaban cambiados, yo pensé que ella era egresada y se decía titulada. Eso habría sido más perdonable. Porque creo que la diferencia en conocimientos entre el egresado y el titulado no es mucha. Pero, cuando ví que sólo había cursado un semestre, lo encontré una soberana patudez. Es como que yo dijera que soy periodista, cuando sólo estudié un año de periodismo y se me eligiera editora de un medio, con referencias falsas. Talvez, podría hacerlo bien, porque algunas nociones de periodismo tengo, pero no podría ser tan fresca de inventarme un título que no saqué. Sobre todo, por respeto a los que sí hicieron la carrera entera y se titularon.
Eso me molesta de este caso: no que la funcionaria no esté titulada. Eso da lo mismo. Su cargo es de la exclusiva confianza de la presidenta y ella puede colocar ahí a quien le venga en gana, considerando lo mejor para el país. Ya hemos visto que en Brasil el presidente no tiene título universitario, lo mismo algunos ministros bolivianos. No hay ninguna ley que establezca que deban tenerlo. El título tampoco es una garantía de un buen o mal gobierno. Hasta hace unos siglos, era muy poca la gente con carrera universitaria y eso no impedía tener buenos gobernantes, muchos sin títulos.
Me molesta la mentira y que el gobierno se haya prestado, por complicidad o por falta de curiosidad (lo que me parece casi igual de grave) a un mentira. Porque eso es lo que no soporto. Recuerdo que el otro día Pepa Valenzuela habló en su excelente columna del LUN sobre los apitutados como uno de los males de nuestro país. Le encontré toda la razón: mucha gente llega a altos cargos por tener buenos contactos y no los méritos. Algo muchas veces injusto y peligroso, porque se corre el riesgo de contratar a ineptos. Pero, por último, si uno llega a un cargo por pituto, por lo menos hay que ser honesto y reconocerlo, dando a conocer cuáles son sus logros. Y si no tiene ninguno, esforzarse por demostrar que llegó con un currículum pobre, pero que su excelente gestión le hará mantenerse y ser el mejor. No inventarse títulos. Eso es último.

miércoles, enero 17, 2007

"Pequeña Cuatroojos"

Después de leer la última columna de Borrego, se me ocurrió escribir la historia de una tímida niña, obligada a usar anteojos desde que entró al colegio más cuico y superficial de Santiago. Había una vez una linda guagua de un año y medio, muy regalona de papá y mamá, como buena hija mayor. Un día, mamá le estaba dando la comida, cuando uno de los ojitos verdes de su guagua "se fue hacia adentro". La madre, muy asustada, consultó a varios especialistas. Hasta que uno de ellos, una oculista muy inteligente, pero de mal carácter, le diagnosticó un "estrabismo esporádico" y le dijo que debía ser operada lo antes posible, ya que el nervio ocular se desarrolla hasta más o menos los ocho años. Después de eso, el mal era irreversible.
Así, a esta niña la operaron de los ojos a los cuatro años. Un par de meses antes de empezar el Pre-Kinder. Obviamente, al principio no veía nada y la mamá habló con la parvularia, diciéndole que fueran comprensivos, ya que estaba recién operada. Y para reforzar la visión de su ojo intervenido, la solución de la brillante oculista fue ponerle un parche en el ojo sano. Algo que en la oftalmología sería espectacular, pero para la psiquis de una niña de 4 años que comenzaba su vida escolar rodeada de niñas preciosas, pero muy crueles y preocupadas por la apariencia física, fue fatal.
Después de usar el maldito parche hasta los 8 años, la niña recuperó casi toda la visión que había perdido con el estrabismo. El costo fue volverse mal genio, intolerante ante las burlas y aprender a pelear y a atacar de vuelta a quienes molestaban. también aprendió, desde pequeñita, a no discriminar a nadie por su aspecto físico y a darse cuenta de que las cosas que sus compañeritas tanto valoraban, como la apariencia y las cosas materiales, no lo eran todo.
Como ya había enfrentado no sólo usar anteojos y ser catalogada de "nerd", sino que además el anteojo tenía un parche y con eso se convertía en "freak", cuando se le declaró el astigmatismo y la miopía a los 16 años, volver a los anteojos no fue tan terrible. Además, a los 11 comenzó con la tortura de los frenillos, cosa que no es tan problemática en un país con tan mala dentadura como éste (las compañeritas cuicas también los usaban).
La segunda etapa con anteojos no fue tan terrible. Más cuando la niña estaba pasando por una etapa pseudointelectual y los anteojos le daban una apariencia interesante, como niña matea, pero bonita. Lo de los anteojos pasa a ser algo esclavizante: que no ves nada sin ellos, que se te caen, que se rompen, que no me saques la foto con ellos puestos, etc. Pero, llegada cierta edad, uno ya sabe sacarse partido y además se da cuenta que puedes ser mina, simpática y nada de nerd, aunque seas lo más cegatona del mundo.

Mi País Inventado

En mi largo viaje de vuelta a España aproveche de leer. Uno de los libros que leí fue "Mi país inventado", de Isabel Allende. Un libro que, según recuerdo, pasó sin pena ni gloria por nuestras librerías, a diferencia de otras obras de esta simpática autora. Porque más allá de las críticas intelectuales que se le puedan hacer, como que si copia o no a García Márquez o si es una creadora de bestsellers en lugar de una gran literata; hay que reconocerle que es simpática y que su estilo narrativo es entretenido, algo irónico y ágil.
En este libro, Isabel Allende nos muestra su visión de nuestro país. Yo, como estoy viviendo fuera de Chile hace tres meses, cuando ví este libro en la librería de un aeropuerto, me bajó una especie de "nostalgia patriótica" y lo leí. Y me gustó, me entretuvo e hizo mi viaje más ameno. Me hizo reir y hallé en su prosa muchos aciertos. Aunque, no estoy de acuerdo con todo lo que ella dice y a veces se le nota que en los últimos 30 años sólo viene de visita. Porque creo que ciertas percepciones de nuestra sociedad corresponden al pasado. También hallé ciertas inexactitudes históricas, y obviamente, muchas de sus opiniones son muy distintas a las mías. Pero, el resultado final me gustó y por eso, le perdono esos errores. Sin duda, no es lo mejor que ha escrito, pero me hizo reír a carcajadas. Y eso siempre se agradece.
Leer ese libro hizo que me planteara la posibilidad de alguna vez escribir "mi" país inventado. Porque viviendo afuera, son muchos los que te preguntan por ese país tan angosto y tan largo, al sur de Sudamérica, ese país, como lo indica su nombre en quechua "donde se acaba el mundo". Un lugar que cada cierto tiempo aparece en los diarios, sobre todo por su "alocada política", a pesar de que nos jactamos de ser mucho más estables que varios de nuestros vecinos, bautizándonos como los "jaguares" o los "ingleses" de Sudamérica, epítetos que a mí, una acérrima patriota, me dan mucha risa. Porque está bien que seamos orgullosos de ser chilenos, que amemos nuestro país o que reconozcamos nuestras fortalezas. Pero, no hay para qué ser tan soberbios, menos cuando tomamos esa actitud tan despectiva hacia el resto de Latinoamérica.
Lo que sí puedo decirles es que viviendo en España me dí cuenta lo agradable que es vivir en Chile. Yo acá lo he pasado muy bien y no quiero caer en la melancolía del chileno en el extranjero, añorando las empanadas o el pastel de choclo. Pero, hubo algo del libro de Isabel Allende que llamó mucho mi atención: destacó esa mala costumbre que tenemos de quejarnos de todo. Y es así, lo reconozco y soy un gran ejemplo de ello, lamentablemente. Y estando afuera me dí cuenta que nos quejamos más de la cuenta. Nos falta ser más gozadores, como son los españoles o más alegres, como los brasileros. Porque con un país de clima bastante agradable, con una geografía espectacular y rico en recursos naturales, que nos hacen comer muy bien, deberíamos andar contentos por la vida, gozando lo que tenemos: un país precioso.